miércoles, 13 de agosto de 2014

Los menores migrantes


COMO MERCANCÍA CADUCADA

Rosa Esther Beltrán Enríquez

La tragedia de los menores migrantes no encuentra solución. En San Pedro Sula, Honduras, los infantes están a merced de las pandillas que los aniquilan sin más; de enero de 2013 a junio pasado 409  niños fueron asesinados (The New York Times, 19-07-14), algunos con palos y piedras. Esa violencia extrema mueve a los padres a enviarlos a Estados Unidos pensando que allá las políticas migratorias les ofrecerán un trato preferente.

Según las estadísticas de la Patrulla Fronteriza existe una fuerte correlación entre ciudades con altos índices de homicidios, como San Pedro Sula y el éxodo de una multitud de jóvenes y menores que emigran buscando seguridad y una mejor vida en los Estados Unidos.

Al menos en 50 ciudades de Honduras, las pandillas operan con total impunidad y las autoridades se muestran pusilánimes y excesivamente medrosas para enfrentarlas lo que induce al incremento constante en el número de víctimas mortales de manera que San Pedro Sula está registrada como la ciudad con la tasa más alta de homicidios; los niños son asesinados por negarse a unirse a las pandillas o por venganza contra sus padres y se han presentado casos de niños de 11 años degollados por otros niños por no haber pagado una cuota de extorsión de 50 centavos de dólar.

No obstante, la situación de violencia en Centroamérica se difunde, en El Salvador los asesinatos de niños menores de 17 años aumentaron un 77 por ciento tan sólo en lo que va de este año; en cambio en Guatemala y Nicaragua en su mayoría la gente emigra por motivos económicos, por la pobreza radical que padecen. 
Los menores migrantes son repudiados en sus países y también en los Estados Unidos en donde los gringos los rechazan por ser portadores de enfermedades como la sarna, la tuberculosis y ébola, dicen, así lo hicieron ver manifestantes de la ciudad de Murrieta California; la actual segregación y discriminación contra los migrantes es similar a la que padecieron los negros hasta los años 80 del siglo pasado y que ahora un presidente afroamericano no puede mitigar, la crisis lleva meses, se agudiza y Barack Obama no puede con ella, al contrario, su campaña de deportaciones la incrementa.

La foto de VANGUARDIA es impresionante (11-08-14), cientos de niños hacinados unos sobre otros, sin espacio, tratados como mercancía caducada porque quieren reunirse con sus padres se los interna en galerones, en guetos, son indeseables, criaturas sin nombre.  

Ante este conflicto el Gobernador de California, Jerry Brown, manifestó que el Gobierno de Estados Unidos debería reconocer que América Central vive una crisis a la que necesita destinar recursos, tal como hace con conflictos en otras partes del mundo: “Tenemos el problema de la violencia, de las pandillas en Centroamérica, también tenemos el desempleo y la pobreza. Tenemos las decenas de miles de niños que están ya ahora en los Estados Unidos, que tienen que ser tratados de una manera justa y decente, ¿Por qué el desafío en Centroamérica es distinto al de Afganistán o al de Ucrania?” Yo pregunto, ¿ayudarían desinteresadamente?
Hasta ahora la solución de Obama, Peña Nieto, los gobiernos de Guatemala, el Salvador y Honduras  plasmada en la Declaración Extraordinaria de Managua aprobada el 27 de junio es un ataque inhumano a la parte más débil de la cadena que sólo agravará la tragedia humanitaria, un plan que elude la infame distribución del ingreso y la violencia criminal.

Corrupción hasta el tope

Un grupo de diputados federales panistas han sido exhibidos en reventón, ahora sí que les queda aquello de “braguetas persignadas” (Humberto Moreira dixit), las posturas moralistas y mojigatas del PAN han sido superadas. Veremos  si el escándalo de las taiboleras, los moches, el apoyo a los casineros y el opaco manejo de las partidas presupuestales, impelen a Gustavo Madero a destituir  por fin a Luis Alberto Villarreal, coordinador de la bancada panista en San Lázaro.

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