lunes 29 de junio de 2009

Meyer sobre el Panismo; mas sobre el voto nulo

REFORMA
Lorenzo Meyer
25-06-09
El foxismo-panismo ¿fase superior del priismo?

En México el cambio ha sido más de forma que de contenido; aún no hay un régimen realmente nuevo

Definición

La interrogante o propuesta que da título a esta columna la formuló un colega, José Luis Reyna, el pasado día 19 en un seminario donde se presentaron los cuatro tomos que forman Una historia contemporánea de México (Océano-Colegio de México, 2003-2009). La propuesta es una clara referencia a la famosa definición leninista del imperialismo como fase superior del capitalismo (1916). Obviamente, la caracterización de la naturaleza del actual sistema político mexicano como un tipo superior de priismo apela, en la forma, a nuestro sentido del humor, pero tiene un fondo muy serio.

Veamos más de cerca y con reflexión la definición sugerida por Reyna. Para empezar, supone, y con razón, que el foxismo no es sinónimo de panismo, y que pese a que han desembocado en lo mismo, para propósitos de análisis, conviene no subsumir al primero en el segundo. El foxismo fue una especie de populismo de derecha impulsado por el carisma de un personaje que se colgó del PAN para llegar al poder pero que también requirió y obtuvo otros apoyos. Los "Amigos de Fox", por ejemplo, fueron parte fundamental del foxismo inicial y aunque se trató de una fuerza de derecha, resultaron ser distintos del panismo. Por otro lado, bajo el lema del "voto útil", Fox apeló con éxito a los votantes independientes e incluso a antipanistas y simpatizantes de la izquierda, deseosos todos de poner fin al largo monopolio priista como una condición necesaria para proceder a introducir a México al auténtico pluralismo democrático. Con Felipe Calderón el elemento carismático desapareció por entero y ya fue el PAN propiamente dicho -el PAN duro- la fuerza que llegó a la Presidencia. Ahora bien, ese PAN que sustituyó al foxismo poco tenía que ver ya con el original, con el de Manuel Gómez Morin y sus "místicos del voto". El panismo contemporáneo, al que encarnan, además de Calderón, personajes como Diego Fernández de Cevallos y Germán Martínez, lo mismo que Manuel Espino o el desaparecido Juan Camilo Mouriño, es uno ya transformado por las "concertacesiones" con el gobierno de Carlos Salinas en los 1990 así como por el ejercicio del poder. Se trata de un partido que ha aprendido bien y a fondo cómo y para qué negociar con los priistas desde la oposición primero y desde el poder después y que, en el proceso, se fue haciendo cada vez más parecido al PRI.


En el capítulo publicado por Reyna en el tomo 3 de Una historia contemporánea de México -"El sistema político: cambios y vicisitudes"- se muestra que desde hace ya algunos años nuestro país cuenta con las condiciones mínimas necesarias para avanzar en la construcción de una efectiva democracia política, pero que para empezar a andar ese camino con paso firme es necesario -en realidad indispensable- proceder a desmantelar la vieja estructura autoritaria. Sin embargo, eso es justamente lo que no ha sucedido.


El foxismo y el panismo llevan ya más de ocho años ejerciendo el poder desde la Presidencia, en varios estados y un buen número de municipios, pero ni el uno ni el otro han mostrado auténtica disposición a abatir el viejo arreglo. Al contrario, lo encontraron conveniente a punto que más bien pareciera que el proyecto de ambos -y ésta es su coincidencia fundamental- es remozarlo por la vía de la alternancia entre PRI y PAN y de un cambio en el discurso, pero sin tocar el arreglo fundamental, el heredado, salvo por lo que toca al viejo arreglo del PRI con el narcotráfico. En enero de 1989 Salinas buscó "ganar la Presidencia desde la Presidencia": usar al Ejército para dar un golpe espectacular a un viejo cacicazgo sindical -el petrolero-, para luego volverlo a recrear a su imagen y semejanza. Calderón decidió hacer algo parecido en diciembre del 2006 pero de una manera mucho más arriesgada: usar al Ejército para declararle "la guerra" al narcotráfico; la moneda calderonista aún está en el aire pues en su caso no ha logrado el equivalente del "Quinazo".

Cambiar la forma sin tocar el contenido

Hoy ya no vivimos bajo el signo de un "sistema de partido" sino que tenemos un sistema de partidos, cuya forma no es muy distinta de la que es común en muchas democracias efectivas: dos partidos grandes, uno mediano y cinco pequeños más algunos regionales. Como consecuencia de ese cambio, se modificó de manera sustantiva la característica distintiva del viejo régimen priista: la gran concentración del poder en manos del Presidente. Esta transformación se inició en la fase final del priismo clásico. Como bien lo muestran Rogelio Hernández, Luisa Béjar o Arturo Alvarado, en otros tantos capítulos de la obra sobre el México contemporáneo ya citada, y que fijan la atención en los cambios en las arenas de los partidos, los gobiernos estatales, el federalismo, los congresos y los municipios. Las reformas administrativas y los cambios económicos de los 1980 y 1990 fueron el arranque de la migración de una parte del poder histórico de la Presidencia hacia los partidos, gobiernos estatales, municipales y los congresos.

Ahora bien, ¿esas modificaciones de las formas en el ejercicio del poder han significado, también, un cambio en sus contenidos? Aquí la respuesta tiene que ser: no mucho. El sistema electoral está lejos de ser transparente y sin manipulación. En un buen número de estados, el PRI sigue aumentando cuentas a su rosario de años de dominio ininterrumpido sobre el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial: en Veracruz, Puebla, estado de México, Oaxaca y muchos más, ese monopolio ya ha cumplido 80 años y va por más. La relación entre el gobierno federal y los grandes cacicazgos sindicales -SNTE, STPRM, CTM- es hoy tan estrecha o más que en la época priista. La muy buena asociación que el priismo post-revolucionario estableció con el gran capital fue reforzada durante el salinismo y hoy se mantiene a ese nivel, no en balde, por ejemplo, el Consejo Coordinador Empresarial rompió en el 2006 la legalidad con tal de apoyar de manera efectiva a Felipe Calderón en el momento electoral crucial.


La corrupción es un campo donde se esperaba un cambio natural y sustantivo al ocurrir la transferencia de poder del priismo al foxismo-panismo, pero no fue el caso. Desde la persistencia de monopolios o cuasimonopolios a pesar de su prohibición constitucional hasta el tráfico de influencias, los contratos inflados entre gobierno y proveedores pasando por las tristemente célebres subrogaciones sin control efectivo y la omnipresente cooptación de autoridades por el crimen organizado, el lavado de dinero o la trata de personas. Y la lista puede seguir.

La impunidad, característica central del régimen autoritario priista, era otra de las arenas donde se suponía que era posible y obligado el cambio de fondo. Sin embargo, ningún "pez gordo" cayó durante el foxismo ni después. Obviamente el respeto a los derechos humanos fue letra muerta en el régimen que nos dio la "Federal de Seguridad", el 68 y el 71 -entre otros- y que se empeñó en "guerras sucias" contra sus enemigos armados, desde los cristeros hasta los neozapatistas. Sin embargo, la situación no ha cambiado mucho desde el 2000 hasta nuestros días, como lo demuestran las acciones y juicios injustos contra dirigentes de la APPO o de Atenco o con activistas como Lydia Cacho.

El campo más importante en la medición de los efectos del juego político en el mundo del ciudadano promedio es el social, el de la distribución de los costos y los beneficios de las actividades productivas. Echando mano de los cálculos sobre la distribución del ingreso monetario en los hogares mexicanos elaborados por Gerardo Esquivel -"The Dynamics of Income Inequality in Mexico since NAFTA" (PNUD, 2009)-, se puede constatar que la desigualdad social se acentuó en nuestro país a partir de la crisis del modelo económico a inicios de los años ochenta del siglo pasado y que luego disminuyó, pero sólo para volver a tener casi la misma forma que cuando el priismo clásico entró en crisis al final del gobierno de José López Portillo. Veamos las cifras; en 1984 el ingreso del 10% de los hogares más ricos equivalía a 31.9 veces el del 10% de los más pobres, pero en 1998 la cifra aumentó a ¡54.8 veces! Ahora bien, para el final del foxismo, en 2006, ese 10% de los hogares más afortunados disponían de un ingreso "sólo" 34.3 veces mayor que el del 10% de los más pobres. Esto significa que, en materia de distribución del ingreso, tras un periplo de más de 20 años, apenas si logramos retornar a donde estábamos en la etapa final del priismo clásico. Recordando un título de Shakespeare, el cambio político en México pareciera haber sido "mucho ruido y pocas nueces".

ÁLVARO DELGADO
Voto nulo: Más allá del 5 de julio

A fin de mostrar que su movimiento no es antipolítico ni se limita a la próxima jornada electoral, el martes 30 diversas organizaciones civiles, ciudadanos desencantados de los partidos, así como analistas políticos celebran la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo. A decir de Denise Dresser, tratarán de articularse para adquirir "capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio".

La noche del jueves 25, en una cena, Josefina Vázquez Mota, candidata a diputada federal y aspirante a la coordinación del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN), se encontró con Denise Dresser, activista del movimiento para anular el voto, y le reclamó:

–Ustedes están fortaleciendo el voto duro priista y Manlio Fabio Beltrones está muy contento...

–¿Por qué no pensaron en eso cuando negociaron con él todas las reformas y ayudaron a limpiarle la cara al priismo? –respondió Dresser.

Vázquez Mota ya no dijo nada, pero la analista interpreta que el gobierno de Felipe Calderón está "muy nervioso" porque prevé que el movimiento anulacionista beneficiará al priismo, cuando en realidad se trata de resolver un problema sistémico: la arquitectura institucional que carece de mecanismos de rendición de cuentas y sanción ciudadana.

Tal preocupación gubernamental se materializa también con la convocatoria del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a reuniones privadas para conocer la opinión de analistas, académicos y activistas sobre el voto nulo.

Dresser participó en una de ellas hace un par de semanas, en la que estuvieron además Lorenzo Córdova, Carlos Elizondo, Juan Pardiñas y Leo Zuckerman. "Inclusive quienes critican el voto nulo comparten el diagnóstico sobre la disfuncionalidad del sistema", dice Dresser.

–¿En qué términos se expresó Gómez Mont?

–No, él de hecho sólo escuchó. Fue un esfuerzo de auscultación y diálogo. Lo reconozco como tal.

El movimiento anulacionista es acusado de neutralizar el voto de castigo, no sólo a diputados y partidos, sino a los gobiernos, como el de Calderón, pero Dresser lo niega: "El PAN no está feliz con el voto nulo, no está pensando que va a evadir el voto de castigo. Al contrario, piensan que están haciendo las cosas tan bien que lo que necesitan es el voto de recompensa y que, al no darse ese, se va acabar empoderando a los priistas. Esa es la preocupación del gobierno."

Aclara: "Esto va más allá de castigar a un gobierno en particular en este momento. El voto nulo es un castigo a un sistema político que carece de elementos esenciales de representatividad y de rendición de cuentas."

–Pero afirmar que todos los partidos son iguales implica que todos son responsables, por ejemplo, del desastre económico del país…

–Esta idea de que todos son iguales no es responsabilizar a todos del desastre del país. La crítica de que todos son iguales tiene que ver con el hecho de que no tienen incentivos para rendir cuentas y tomar decisiones en nombre de la ciudadanía, ni para explicar lo que hicieron durante su paso por el poder.

Este es un extracto del reportaje que publica la revista Proceso en su edición 1704 que empezó a circular este domingo 28 de junio.
El voto nulo se cuenta y cuenta

GUSTAVO GORDILLO/II


El argumento central en contra del voto nulo es que se deja en manos de quienes voten por determinado partido, la decisión sobre cómo y con quiénes se integrará la Cámara de Diputados. Esos otros, para estas elecciones, son sobre todo el voto duro de los tres partidos principales. De suerte que es bastante retórico decir que con el voto nulo se renuncia a escoger a nuestros representantes. Pienso que para un sector de los ciudadan@s descontentos con la situación actual, el voto nulo es bastante racional, porque no se renuncia a ejercer el derecho a votar y en cambio se envía un mensaje de repudio al conjunto de los partidos.
¿Esto lleva en sí mismo a un cambio? No, desde luego que no. Pero es lo mismo para cualquier opción de voto. Sea con un resultado electoral que lleve a la alternancia, como en 2000 o ahora con el voto nulo; los cambios sustantivos en la correlación de fuerzas vienen de una combinación de movilización social, ejercicio del sufragio y negociaciones políticas.
Las campañas de 2009 se diseñaron reconociendo la segmentación del electorado y el alto abstencionismo, a partir de estrategias minimalistas basadas en el voto duro. El PRI buscando convertirse en la mayor minoría a partir de su fortaleza territorial y el peso de sus gobernadores en la manipulación del voto. El PAN tratando de reducir su caída estrepitosa impidiendo que el PRI obtuviera una mayoría en el Congreso, usando los programas sociales y sobre todo un forma sesgada del combate a la delincuencia que convierte a contrincantes en potenciales delincuentes. El PRD tratando de controlar los daños ocasionados por su propia vocación caníbal. El PRI escogió como su tema central de campaña, su mayor capacidad para gobernar. El PAN, su pretendida eficacia en el combate al narco. El PRD no escogió tema sino semblanza de una cara amable y no rijosa.
La campaña a favor del voto nulo modificó esta dinámica. Desenmascaró el hecho que tres partidos con diferencias reales en lo programático tienen una misma forma de gobernar marginando o torpedeando las formas de participación ciudadana y reduciendo al máximo la rendición de cuentas.
¿Este movimiento por el voto nulo preludia grandes movilizaciones o es sólo un espasmo de hartazgo, un berrinche?
Los grandes movimientos en México comienzan siempre através de una movilización de opiniones. La secuencia transita del movimiento de opinión a la movilización social gracias a un pliego petitorio unificador y a una forma orgánica de representación colegiada. Pero la chispa que enciende la pradera es casi siempre alguna torpeza de las autoridades gubernamentales. En un caso un acto represivo injustificado, en otro la ausencia de una autoridad responsable, en otro más, una campaña particularmente denigrante.
Hay otro tema crucial específicamente en relación con las izquierdas. El país necesita más que nunca una amplia coalición de izquierdas. Esa no ha sido la vocación actual de la izquierda partidista. Una parte del voto nulo será también una severa advertencia para que se avance en la conformación de una amplia coalición progresista capaz de disputarle a las derechas, los destinos del país en 2012.
Finalmente los inconformes con las reglas actuales de la política no sólo están entre los que anulen su voto. Una parte de los votantes que opten por un partido y sobre todo los que voten de manera diferenciada, así como algunos abstencionistas, podrían conformar una alianza que empuje después del 5 de julio, a la transformación del sistema de partidos. Rendición de cuentas, participación ciudadana y transparencia política serán seguramente el piso común de ese impulso reformista. Por ello el voto nulo como catalizador puede ser un voto que al contarse, cuente.

Denise Dresser: 23 razones para anular nuestro voto
Junio 28, 2009
Más que un mecanismo de protesta

Porque:

1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, congresos locales, jefaturas delegacionales, asamblea legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.

2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida ¬como ha sugerido Federico Reyes Heroles¬ en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.

3. Los votos cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como presión. Sin duda es mejor que los votos cuenten porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y la anulación busca impulsar.

4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos ¬a la hora de gobernar¬ suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más. 5. Es una falacia que los partidos se diferencíen notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización ¬el clientelismo, el corporativismo y la impunidad¬ afecta a todos.

6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin modificaciones sustanciales que asegurarían la representación y la rendición de cuentas.

7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional persiste debido a la inexistencia de la reelección.

8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.

9. La anulación o el voto independiente son una forma de participación que se diferencía de la abstención.

10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero funciona muy mal para sus ciudadanos.

11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”, la promesa difusa de Fausto Zapata en el DF.

12. El voto nulo expresará ¬en efecto¬ hartazgo, desencanto y malestar; el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.

13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma en la cual el 79 por ciento de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12 por ciento piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.

14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.

15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.

16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.

17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe transitar exclusivamente por la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crea que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.

18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.

19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.

20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder, las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.

21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.

22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero es no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.

23. Porque como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real y súmele usted.

Esperanza marchita
Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque ¬en este sistema democrático trunco y parcial¬ usted no le importa.

Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo. ideasypalabras@prodigy.net.mx

Los de arriba contra los de abajo
SABINA BERMAN
La idea del voto nulo se expandió por contagio entre los ciudadanos comunes, como se expanden los cambios en el lenguaje o como se expanden bajo la tierra los túneles de un hormiguero. Sin un control central, sin un caudillo iluminado, sin un gasto millonario en spots de TV: espontáneamente y sin meta preestablecida, nada más porque es una buena propuesta.
Una buena propuesta: la que más justamente empata con un hartazgo a la oferta de políticos en nuestro país y que, sin embargo, no bota al demonio el sistema electoral, ahí lo deja por si surge una oferta atractiva.
De las reuniones de amigos, la buena idea de anular el voto trepó a internet en un video tomado en Monterrey llamando a votar por el Papanatas. Luego trepó a las columnas de los periódicos; después a los programas de opinión de radio y TV. Simultáneamente, en internet, en esa reunión de millones de usuarios amistosos –friendly users, se dice en inglés–, en ese hormiguero de ideas variopintas, ya convivían nuevos videos firmados por colectivos. Según me parece, fueron apareciendo: Tache a todos, Voto blanco, Dejemosdehacernospendejos.com., y otra decena.
Como para llorar de la risa: Los jeques de la política, encerrados dentro de su viejo pensamiento autoritario, no pudieron reconocer la novedad de un movimiento social sin dueños, algo que parece ser la característica de los movimientos de este siglo que nace, el siglo de internet.
Los jeques políticos reaccionaron en una (para mí) graciosa (para otros indignante) danza de señalarse con el dedo entre sí. El jefe del PAN acusó a los resentidos amloístas de organizar el contagio. AMLO acusó de lo mismo a la derecha, o sea al PAN. La presidenta del PRI acusó también al PAN de provocar con su guerra sucia la enajenación de los votantes. Nada más no les entraba en la cabeza que algo se organizara fuera de su círculo de mandamases.
Por fin los ocho jefes de los partidos grabaron juntos un video para internet contra el voto anulado. Y para dar un acorde furioso (o autista), el jefe del PAN amenazó a los anulistas con la llegada de un dictador que nos vendría a castigar a todos los mexicanos.
O sea, si los de abajo no vamos dócilmente a votar por alguno de los candidatos que nos ofrecen los de arriba, vendrá un ogro a disciplinarnos.
No es que sea ridícula la posibilidad: en la historia de América Latina es bastante común. Los políticos civiles sacan al ejército a las calles para imponer el orden y cualquier día a un general de cinco estrellas se le ocurre que habría más orden, de ese orden simplote impuesto por el terror que provocan las armas, si él “gobernara” directamente –traducción: si él aterrara personalmente.
En fin, el siguiente es el marcador a estas fechas: Si mañana fuese la elección y el voto nulo fuese un partido, sería la tercera o cuarta fuerza política del país. Las encuestas muestran que el 15 % de los votantes anulará su voto, lo que no está nada mal para un movimiento sin dinero, sin publicidad, sin acarreados, nacido haces escasos dos meses.
Mientras tanto, por el lado ciudadano, varios articulistas se han propuesto organizar la ola del voto nulo en exigencias concretas a la clase política. El voto nulo, interpretan, es una petición ciudadana de correcciones al sistema electoral, para volver más dinámica la interacción entre gobernados y gobernantes. Pueden distinguirse algunos puntos en que los articulistas vienen coincidiendo: eliminar los diputados plurinominales; posibilitar las candidaturas de ciudadanos sin partido; y establecer la reelección, la revocación de mandato y el referéndum.
Cierto, estas reformas en efecto “refrescarían” la interacción entre los de arriba y los de abajo, para usar la elegante expresión de José Antonio Crespo; y como lo pidió René Delgado en una columna del periódico Reforma, los legisladores actuales harían bien en proponerlas y aprobarlas todavía en esta legislatura, en un período extraordinario. Sería una respuesta que mostraría que los de arriba son todavía capaces de reaccionar con oportunidad al sentimiento de los de abajo.
De cierto, los senadores anunciaron el lunes 15 que la reforma electoral vigente será revisada, aunque por lo pronto sólo citaron a mesas de discusión, donde se tratará ese y también otros temas.
Así que el jefe del PAN nos amenaza con un autoritarismo peor si no aplaudimos el autoritarismo panista. Los senadores nos prometen que tal vez van a reformar algo algún día que será cuando ellos dispongan. Y el voto nulo sigue creciendo.
Propongo aquí una idea de un grupo de ciudadanos menores de los 30 años. Ellos piensan que el gran suceso de esta elección del 2009 ya ha sucedido y es, precisamente, el movimiento para anular el voto, que está siendo en sí mismo un gran ejercicio de democracia desde abajo y podría saltar a ser una novedad de verdad radical.
Se preguntan: ¿Qué pasaría si el mecanismo que ha logrado la rapidísima propagación del voto nulo se usara para votar las cosas públicas?
Ponen un ejemplo. Digamos la despenalización del aborto que ahora se discute en varios Congresos estatales. Supongamos que luego de la discusión pública en un determinado Congreso, donde se airean los pros y los contras de la despenalización, se pone la ley a juicio del voto popular por internet.
Se dirá que no todos los ciudadanos tienen acceso a internet. Responden: pero fácilmente se podría darles acceso la semana de la votación, a través de los cafés de internet o instalando una computadora con red para cada X miles de ciudadanos. Se dirá: habría que inventar todo un sistema para garantizar la calidad de una elección así. Responden: pues se trata de inventar nuevas formas, precisamente. Y agregan: Si los bancos han ideado cómo un usuario puede mover dinero por internet, con certeza de no ser robado, ¿por qué no podría votarse por internet?
Pongo otro ejemplo, este más peligroso para el sistema autoritario. Supongamos que se discute otra vez la ley de telecomunicaciones en el Congreso federal y luego de la etapa de debate se abre el voto a los ciudadanos por internet.
Se me dirá que eso convertiría a los diputados en meros expertos en debates y redactores de leyes y les quitaría el espacio para negociar sus votos entre sí y con los poderes fácticos. Se me dirá que eso los despojaría de su privilegio actual de actuar de espaldas al bien común y de cobrar para su beneficio personal millones de pesos. Se me dirá que, en suma, eso voltearía la pirámide de la política, pondría a los millones de electores arriba y a los servidores públicos abajo, ahora sí sirviéndolos. Sería espléndido, ¿no es cierto?

EL VOTO Y EL TACHE
José Luis Tejeda

Un fantasma recorre México, el fantasma del abstencionismo. Todos los partidos políticos, los actores y fuerzas sociales y políticas, las instituciones nacionales y los poderes fácticos se han puesto de pie para llamar a votar por una de las opciones partidistas existentes. Desde los jerarcas de la iglesia católica hasta los reductos de la izquierda realmente existente, han elevado el grito al cielo contra los abstencionistas y los que han rechazado el proceso electoral del 2009. Y es que ahora más que abstencionismo se trata de una tendencia creciente hacia el anulacionismo electoral. Lo cual hace que se agraven las tendencias de rechazo a las opciones partidistas existentes, a la clase política y al sistema político mexicano.

Es evidente que el abstencionismo siempre ha existido y se da tanto en democracias frágiles e incipientes como la mexicana, que en regímenes democráticos consolidados. Dichas democracias funcionan con una dosis tolerable de abstencionistas, que se ven neutralizados y contrarrestados por otras franjas de votantes activos que al manifestar su adhesión a tal o cual candidato o partido, avalan las reglas del juego y el mecanismo político en su conjunto. Si fuiste a votar y perdiste estás obligado a someterte al juicio mayoritario de las urnas. Si has ido a votar y ganaste, con más razón debes apoyar y adherirte a la corriente mayoritaria y a la opción de gobierno en turno. El abstencionismo en tanto es una muestra de apatía, indiferencia y desencanto con los procesos políticos y electorales, que lo mismo permite que las opciones políticas gobiernen, decidan y resuelvan sin alguien enfrente y sin oposición, que expresa muestras crecientes de extrañamiento y enajenación hacia el poder público. Lo cual desemboca en democracias cada vez más minoritarias, restrictivas y vacías, que por esa vía van dejando de serlo. De ahí que siempre hayan existido grupos de abstencionistas activos, que llamaban abiertamente a no votar o ni siquiera ir a las urnas porque se le consideraba inviable o porque no había confianza en el proceso y en los resultados del mismo. Los grupos antisistémicos y extremistas de la derecha y la izquierda han sido los grupos que por naturaleza ideológica y política tienden a desconfiar y rechazar los métodos y los procedimientos democráticos, cerrando una pinza que amenaza la sobrevivencia de las democracias modernas.

Lo nuevo del asunto en México es que los abstencionistas naturales se ven igualados y superados por miles y miles de anulacionistas de ocasión y desafectos con el sistema político mexicano, que cimbran la estructura misma del poder en México. Si esta fuerza de los “sin partido”, de los anulacionistas se volviera creciente y alcanzara proporciones mayoritarias estaría en juego el futuro del sistema político mexicano y de su clase política. Si el número de abstencionistas y anulacionistas fuera superior al de los que están jugando a representar a todos los demás, queda en predicamento el fenómeno de la representación tal como lo hemos conocido. De ahí que los partidos registrados grandes y pequeños, hagan llamados crecientes a que se mantenga la fidelidad a los actores y las fuerzas políticas reglamentarias. La lógica tradicional era de mercados electorales cautivos y de premios y castigos entre los actores y fuerzas políticas registradas. Si el PRI siempre ganaba, votabas por el PAN para dejar testimonio de la oposición. Si el PRI fallaba, se formaba el PRD y te ibas con los del sol azteca. Si se había llegado al hartazgo del PRI, había que votar por el menos malo para que ganara el PAN. Si los azules en el poder hacían lo mismo que el PRI o resultaban peores que éste te regresabas al PRI o dabas el salto al PRD. Si éste nos recordaba un día si y otro también que viene del PRI y que no oculta sus simpatías por las dictaduras de izquierda, volvíamos la vista hacia los partidos pequeños. Y si la chiquillada, resultaba con todas las mañas de los partidos grandes y sin sus masas, pues la cosa era que apoyábamos a partidos de vividores. En suma, el juego de los partidos se iría acabando. Así hasta llegar al suicidio político colectivo más anunciado en el 2012: el regreso del PRI a la presidencia de la república, la restauración de un autoritarismo con tintes mafiosos y la destrucción de la democracia.

Cómo llegamos a esta situación? Cómo es posible que el derecho al voto, que tanto nos ha costado a los mexicanos, lo veamos como una nulidad aún antes de emitirlo? Quiénes sabemos que el voto ciudadano no ha sido una concesión graciosa del poder, entendemos el potencial que tiene y cómo se ha convertido en una de las pocas herramientas de los ciudadanos para incidir en la situación nacional. El caso es que ahora no hay por quién votar. Si miles de ciudadanos han decidido dar un tache a los partidos políticos, a la clase política y al estado que guarda el sistema político actual, es porque se han ido cerrando las opciones. En principio, el abstencionismo y el anulacionismo obedecen a causas diferentes y cada uno de los electores ejerce el derecho ciudadano a tachar a todos los partidos, a votar en blanco o simple y llanamente a no acudir a las urnas, con motivaciones distintas. En algunos países se considera como obligatoria la asistencia a las urnas. Como el voto es secreto el derecho a la anulación se mantiene aún estos casos. En México, se ha considerado el abstencionismo como un acto desleal y poco cívico. A últimas fechas, y en aras de fortalecer el régimen democrático incipiente se convocaba a las urnas y se promovía la participación electoral. El llamamiento al voto nulo o en blanco, modifica los parámetros del juego político y electoral, porque se trata en muchos de los casos de grupos democráticos inconformes con las insuficiencias y carencias del sistema político o que están sumamente molestos con las acciones, las decisiones y el comportamiento de los partidos políticos y sus grupos dirigentes. Y no hay para donde hacerse. La última mal llamada reforma electoral aprisionó a los ciudadanos a optar y escoger entre propuestas gastadas, sin margen para generar nuevas alternativas políticas o para expresarse más allá de unos canales restrictivos. Así que el voto nulo o en blanco es un llamado de atención para profundizar en los cambios democráticos en el país y no para debilitar un régimen democrático, que de por sí se ha quedado corto ante los requerimientos nacionales y se duda que hayamos traspasado el umbral de ser una democracia plena.

Si revisamos lo que sería la franja de abstencionistas y anulacionistas que están inconformes con el estado del sistema político mexicano entenderíamos lo que ocurre. El cambio democrático se ha ido frustrando y la apropiación del mismo por camarillas adueñadas de los partidos políticos han cerrado las opciones. Se viene de un proceso democrático tortuoso en que se alcanzó la neutralización de las autoridades electorales, el sufragio efectivo y la alternancia partidista, en lo que se consideran como avances indudables en materia electoral. Y sin embargo, el viejo régimen y la subcultura del priísmo se han reproducido en todas las expresiones partidistas, quedando una sensación de continuidad, de que todos se han vuelto iguales y que se acaba con la sustancia de los cambios y las transformaciones de fondo. Queda una estructura de poder duro, que sólo se ha recompuesto y que convierte la vida democrática en una ficción. El simple hecho de que la reforma del Estado la encabece uno de los jefes de la vieja policía política priísta nos habla de los alcances del cambio democrático en México. El hecho de que la delincuencia organizada haya penetrado desde estructuras familiares hasta la policía y los militares, pasando por los partidos políticos, nos indica hasta donde nuestra democracia está secuestrada por poderes fácticos y extralegales que hacen y deshacen a su antojo. Si reparamos en el hecho de que la impunidad permea en todos los niveles de la vida nacional y que nos están habituando a vivir en la injusticia y en la impudicia, con exoneraciones a expresidentes responsables de crímenes deleznables y con gobernadores impresentables que se mantienen a sus anchas más allá de lo que diga la opinión pública, nos daremos cuenta de que los avances son mínimos. Si tomamos en cuenta que hay zonas del país militarizadas en que tendríamos que buscar con una lupa los ciudadanos libres que sobreviven al desastre, habría que ver si sirve de algo ir a votar por una opción política, mientras las partes duras del viejo sistema político mexicano sólo se han recompuesto y amenazan con restablecer la normalidad autoritaria en el país con el retorno del PRI a los Pinos. Los grupos duros del viejo sistema político mexicano se han propuesto desgastar el proyecto democrático, hacer que nos desencantemos del mismo y pidamos a gritos por el regreso de los corruptos que si sabían gobernar, que nos acostumbremos aceptar la impunidad como un mecanismo normal del sistema político mexicano y nos sometamos a los poderes fácticos realmente existentes que en realidad controlan el país y sus regiones. En ese mismo tenor, se entienden las apuestas cínicas y descaradas que hablan de los arreglos con la delincuencia organizada como si fuera algo inevitable e ineludible, en lo que significa la renuncia de un país al ejercicio de la justicia y la aplicación de la ley.

Finalmente, el voto anulado sirve de algo? Es evidente que para fines prácticos sólo llega a incidir sobre los porcentajes de votación que se asignan a los partidos políticos, lo cual tiene un efecto más simbólico que otra cosa. Así que la repercusión se da en lo simbólico y en los márgenes de legitimidad de los partidos políticos y de los representantes populares. Por supuesto que les afecta y les importa si porciones significativas manifiestan su extrañamiento ante los procesos políticos y electorales. En la medida en que es un fenómeno difuso, se pierde su eficacia y resultan inútiles los intentos por asumir una “representación” del voto nulo o de los “sin partido”, como se ha pretendido hacer con expresiones políticas que quieren medrar con el fenómeno. Aun más absurdo resulta querer resolver la crisis de la representación, con un reforzamiento de la misma, a través de figuras no precisamente democráticas como la reelección. Resulta que a la clase política que se quiere castigar con el voto nulo, se le premia con la reelección, lo cual es una incongruencia ¿No es la reelección una de las causas por las que se acusa al chavismo de ser antidemocrático? Es neoporfirista asegurar que no hay problema si un diputado se perpetúa en el poder durante 40 años, siempre y cuando el pueblo se lo demande. ¿Este mismo argumento se puede utilizar para gobernadores o presidentes de la república? ¿No es una herramienta para cerrar la movilidad política, de por sí obstruida en el país? Lo que resulta obvio, es que desde el momento en que se quiere capitalizar el voto abstencionista o nulo, se gesta un nuevo movimiento o partido político, que implica la articulación de intereses públicos y se pretende reconectar a los inconformes y los indecisos con los procesos políticos y electorales. Todo esto será motivo de polémica y controversia en los meses y años por venir. Lo que es un hecho es que el voto nulo ha entrado en acción y se manifiesta con más fuerza en el 2009 y hay que ver si se convierte en un fenómeno creciente o se logra reconectar con los procesos políticos legales e institucionales con vistas a las elecciones estatales o con el anunciado plebiscito del 2012: aceptaremos los mexicanos volver al yugo priísta del pasado y si eso no es así, que tipo de horizonte político construiremos en común. Será posible revertir el desencanto del 2009 en una renovación democrática hacia el 2012. Si eso es así, se va a dar más allá de los partidos políticos actuales y del juego político restrictivo que nos han impuesto.


Y SIGUE EL VOTO NULO DANDO
Juan Pardo

El voto nulo tiene, efectivamente, el significado que se señala en el resumen que envié; pero debo aclarar que es sólo la mitad de esa revolución pacífica que se pretende o quizá menos de la mitad, apenas se empieza un movimiento social, y ya el sistema empieza a mostrar sus reacciones: empresario de Nuevo León que propone a nivel nacional hacerle contra al voto nulo proponiendo una cadena que consiste en que cada ciudadano que va a votar lleve a 10 ciudadanos más que si votarán, declaraciones de leguleyos que casi hacen creer que es un delito no ir a votar o votar en blanco, políticos que nos asustan diciendo que si votamos en blanco o anulamos el voto le haremos el favor a la derecha, al PRIAN, el presidente convocando a votar, hasta un conocido cantante de narcocorridos local que nos invita a votar o casi nos raya la madre si no lo hacemos... en fin, reacciones veremos y oiremos.

Pero no debemos olvidar que así empezó la Revolución Mexicana... que hace casi 100 años (4-VII-14), un mexicano, Flores Magón, proponía ya lo mismo, desde su visión anarquista, dentro de una revolución que se gestaba y que después no tomó en cuenta el voto popular, y nos hizo creer que cada día éramos más democráticos, hasta llegar a lo que somos. No debemos quedarnos en la mitad del camino, que no sea tan pacífica, mejor dicha TAN INGENUA, hemos de buscar y crear mejores y nuevas soluciones, desde aquí debemos rechazar, desenmascarar, proscribir, y hasta penalizar, lo que hace fuerte a este sistema electoral corrupto: el voto corporativo, el voto clientelar, el voto como mercancía, el voto por presión mafiosa, etc.

El asunto es: ¿Cómo acabar de matar a las instituciones inservibles, corruptas, corporativas, etc.? ¿Cómo ponerle dientes a la ciudadanía con la revocación del mandato, plebiscito, referéndum, o mecanismos para que rindan cuentas?; Aquí es donde puede iniciarse con una innovación real del sistema "democrático"... Todo eso ya lo decía Ricardo Flores Magón:

"El capitalismo ríe cuando el trabajador emplea la boleta electoral para conquistar su libertad económica; pero tiembla cuando el trabajador hace pedazos, indignado, las boletas, que sólo sirven para nombrar parásitos, y empuña el rifle para arrancar resueltamente de las manos del rico, el bienestar y la libertad. Ríe el capitalismo ante las masas obreras que votan, porque sabe bien que el Gobierno es el instrumento de los que poseen bienes materiales y el natural enemigo de los desheredados, por socialista que sea; pero su risa se torna en convulsión de terror cuando, perdida la confianza y la fe en el paternalismo de los gobiernos, el trabajador endereza el cuerpo, pisotea la ley, tiene confianza en sus puños, rompe sus cadenas y abre con éstas, el cráneo de las autoridades..."



El Colectivo “Participa votando, protesta anulando” conformado por organizaciones civiles y ciudadanos independientes, manifiesta su preocupación ante la campaña de desprestigio al voto nulo impulsada por cámaras empresariales y líderes de la Iniciativa Privada. Suscritos al movimiento Cadena Ciudadana, la Canaco, la Caintra y la Coparmex de Nuevo León, promueven “el acarreo positivo” según el propio Marcelo Canales, Presidente de la Coparmex, para promover entre sus empleados el votar aunque sea por el menos peor.

En una carta a sus empleados, los patrones enlistan diez argumentos para inhibir la intención del voto de protesta, o voto nulo. Recordemos la amonestación que el Consejo Coordinador Empresarial recibió del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación cuando en 2006 utilizó su autoridad y sus recursos para difamar a un candidato. Como entonces, argumentando que no dicen por quién sí votar, chantajean con que quien anule su boleta estará causando un grave daño a México.

El voto nulo es legal y legítimo. No creemos que esto sea ignorado por los empresarios. Como tampoco creemos que no estén enterados de que el voto es libre, secreto y directo. En este sentido nadie que ostenta algún tipo de autoridad sobre nosotros, ni el jefe, ni los curas, ni los gobiernos, pueden decirnos cómo votar.

Queremos dirigirnos a los obreros y obreras, al equipo administrativo, a los prestadores de servicios, a los profesionales de algún oficio, a los oficinistas, transportadores, a todos los trabajadores y trabajadoras de Nuevo León: denunciemos ante la FEPADE a las autoridades o a las personas que intentan inhibir nuestro derecho a decidir libremente nuestro voto. Si el jefe o la jefa son tan autoritarios que no se puede realizar un intercambio de ideas con ellos, recordemos que el voto es secreto y que una vez ocultos en la cortinilla de la mampara debemos otorgar un voto reflexivo y conciente, sin importar si anulamos o votamos por alguno de los candidatos.

Refrendamos nuestro llamado a las personas que están pensando no asistir el 5 de Julio a las casillas a que participen votando y que protesten anulando. Al resto de la comunidad lo invitamos a realizar un voto reflexivo y a no transgredir su conciencia.

A la opinión pública:

Como grupo de ciudadanos preocupados por el desarrollo de los últimos procesos electorales, todos ellos plagados de guerra sucia, acuerdos violados, manipulación de la ley en beneficio de candidatos o partidos, lo cual no está asociado con la idea de un estado democrático, hemos decidido tomar acciones desde el sistema para expresar nuestro descontento, nuestro repudio y nuestro hartazgo ante el secuestro de los partidos políticos de la práctica democrática en nuestro país.

Actualmente el sistema electoral está al servicio de los partidos, y éstos lo han aprovechado muy bien, obteniendo privilegios, tomando decisiones tomando en cuenta no el bien común, sino los intereses partidistas.

Por ellos, nosotros, ciudadanos conscientes, algunos participantes de organizaciones de la Sociedad Civil, nos proponemos también utilizar el sistema electoral, así como está, para manifestar nuestra opinión, que a final de cuentas eso es el voto: si no hay un candidato digno de nuestra confianza, anular votando por un candidato no registrado (Papanatas, Esperanza Marchita), o simplemente cruzar la boleta. El mensaje es: no hay un candidato que me pueda representar, que represente mis intereses, entonces voto por nadie, o voto por Papanatas, o voto por Esperanza Marchita.

Rechazamos enérgicamente la campaña de los organismos patronales, quienes en una carta a sus afiliados instan a hacer labor entre los trabajadores para votar, es decir, ejercer el derecho al voto, pero por alguien registrado, "aunque sea el menos malo". ¿Esto es lo que nos merecemos los mexicanos? ¿Que nos gobierne el menos malo? ¿Que nos gobierne quien violó la ley renunciando a su puesto para aspirar a otro cargo de "elección popular"?

El pueblo de México merece un gobierno honesto, transparente, que responda a las necesidades de las mayorías, que incluya a las minorías, que busque el bien común. No lo tenemos hasta el momento. Se nos dice: Es cierto, es una lástima, por eso te pido que votes por el menos malo.

Nosotros decimos que ya basta. Invitamos a la ciudadanía a expresarse mediante el voto libre, individual y secreto. Asimismo, señalamos que de todas las opciones, desde la muy mala hasta la menos mala, existe una más: anular el voto como medida de expresión en el sentido de que los partidos no tienen nada qué ofrecernos.

Voto de Protesta, Razones y Expectativas

Jose Antonio Crespo, conferencia en Saltillo



CIDE, Youtube propuesta civica 1 2, exoline

domingo 28 de junio de 2009

Los jovenes se drogan porque no creen en dios: Calderon

Calderon y la educacion confesional

nota de la jornada

Con Felipe Calderón el ejercicio del poder presidencial se acerca al “peligroso callejón sin salida del maximalismo que rechaza el Estado laico y atenta contra las libertades esenciales de los mexicanos”, advirtieron legisladores perredistas, priístas y petistas, y deploraron que el Ejecutivo insista en criminalizar a los jóvenes farmacodependientes.
El jefe del Ejecutivo “está desvariando; sería bueno que consultara a su siquiatra, para que ya no diga tantos disparates”, como sostener que el cantante Michael Jackson “murió por drogadicto, o que los jóvenes se refugian en las drogas porque no creen en Dios”, advirtió el senador perredista Pablo Gómez.
La declaración de Calderón, el viernes pasado, durante la celebración del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas –donde dijo que los jóvenes y niños “tienen pocos asideros trascendentes”, ya que no creen en la familia, ni en la escuela, ni en la economía, ni en Dios–, fue rechazada también por los diputados Juan Guerra, Humberto Zazueta, Alfonso Suárez del Real, Samuel Aguilar y Silvano Garay, quienes coincidieron en que la prevención no se basa en dogmas religiosos, sino en justicia social.
Calderón “se manifiesta como un presidente faccioso, que deja ver su vena intolerante ante todo aquel que, por derecho, no profesa la misma religión que él, la católica. Lo que nos demuestra es que a la par de su partido, vive en el oscurantismo más retrógrado”, acusó el priísta Samuel Aguilar.
Mientras, el perredista Suárez del Real recordó al Ejecutivo la naturaleza del Estado laico y su deber de respetar la Constitución, y advirtió que para justificar la falta de resultados de la guerra antinarcotráfico –“su bandera política”– Calderón inició ayer “una cruzada, un movimiento en busca de una reforma a la Carta Magna para imponer una educación confesional”.
El también perredista Humberto Zazueta consideró las palabras del mandatario “un lamentable rosario de argumentos sin sustento histórico ni político; manifiesta su profundo desprecio por el ser nacional, lo que conduce al peligroso callejón sin salida del maximalismo que rechaza el Estado laico y atenta contra las libertades esenciales de los mexicanos”.
Juan Guerra, del sol azteca, recordó que la creencia y los dogmas de fe atañen estrictamente a las personas en lo individual, “y ningún político, por más presidente que sea, tiene atribuciones para que en un acto público, organizado con recursos del pueblo, convoque a la ciudadanía a satanizar a aquellos que no profesan alguna religión, en este caso la católica. ¡Urge que los poderes Legislativo y Judicial convoquen a Calderón a que se asuma como representante de un Estado y no continúe ubicándose del lado de la reacción! ¡Esto a nadie le puede convenir!”
El petista Silvano Garay instó al Presidente a que se conduzca “por lo menos sobre los cauces institucionales”, porque la situación del país “pende de hilos muy delgados. Sabemos que no puede con el tema económico, que la seguridad, su gran bandera, se encuentra en su peor momento, pero eso no lo acredita para descalificar a los que no creen en Dios”.
“Lamentable espectáculo”
Samuel Aguilar calificó de “lamentable espectáculo” el que dio un día antes Calderón. “Como ya nos tiene acostumbrados, se equivoca de terrible forma, pues antes de que los especialistas forenses de Los Ángeles, California, emitieran un veredicto científico en torno al deceso del cantante y bailarín, ¡él ya sabía de qué falleció!, y aparte lo aprovechó para dar un pésimo ejemplo sobre los efectos de la drogadicción”.
A su vez, Pablo Gómez comentó que en México “todo mundo se ríe de los disparates” del mandatario. Ahora “hasta se cree médico legista y afirma que Jackson murió por su adicción a las drogas. ¡Si quienes le practicaron la autopsia no han definido la causa de su muerte! Es patético, sólo provoca hilaridad”.
El Ejecutivo, abundó, se debería preocupar más por promulgar la legislación contra el narcomenudeo, aprobada desde hace dos meses por el Congreso y por crear programas sociales, si realmente quiere combatir la drogadicción juvenil.

sábado 27 de junio de 2009

Llamado a votar


miércoles 24 de junio de 2009

Jose A Crespo Conferencia sobre el Voto de Protesta

Voto de Protesta, Razones y Expectativas
José Antonio Crespo

Conferencia



Viernes 26 de Junio

6:00 pm

Auditorio Jesús Ochoa Ruesga
Fac. de Arquitectura UAdeC-Campo Redondo


José Antonio Crespo Mendoza

Centro de Investigacion y Docencia Economicas
Doctor en Historia
Universidad Iberoamericana, México
Profesor/Investigador
Planta académica de carrera de la División de Estudios Políticos
Nivel II en el Sistema Nacional de Investigadores.

Editorialista del Excelsior
Comentarista en "Primer Plano" Canal 11 IPN




Algunas notas de Crespo a continuación:



Desde que se ponderó el potencial de la protesta anulista (y de cuya magnitud real sabremos hasta el 5 de julio), varios académicos y comentaristas que apoyaron la reforma electoral de 2007 (en particular, su modelo de comunicación política basado en tiempos oficiales) llamaron la atención sobre el uso que los grandes consorcios mediáticos podrían hacer de aquel movimiento para desprestigiar la reforma electoral. Cierto, ese riesgo afloró muy pronto. Y sigue utilizándose como persuasivo argumento de quienes no coinciden con el voto nulo como mecanismo de protesta y presión a los partidos políticos. Ante lo cual, y aclarando que a mí me convence el nuevo modelo de comunicación política (pero no su aterrizaje ni la prohibición de las campañas negativas), cabe puntualizar lo siguiente:

1) La reforma electoral estaba ya en estado de coma aun antes del movimiento anulista. Fueron justamente los partidos los primeros en dejarla a la deriva. Una vez pasada la euforia de haberla aprobado, los partidos de inmediato se arrepintieron y, cada uno por su lado (unos más que otros), empezaron a “limar asperezas” con las televisoras. Incluso, ante las infracciones cometidas por éstas, el PRI y el PAN no levantaron un dedo para defender la reforma, mientras el PVEM —ariete de las televisoras en el IFE— dirigía brutal embate contra los consejeros que pretendían sancionar a las televisoras, según lo estipula el Cofipe. Es, pues, buen diagnóstico el que al respecto hizo Jorge Alcocer, artífice de la reforma, al calificarla como “huérfana”. Para entonces, el movimiento anulista ni siquiera estaba en el radar.

2) Vino el turno del IFE que, por mayoría de sus consejeros, no quiso sancionar las infracciones de las televisoras (porque éstas ya habían prometido no volver a cometerlas) y, sobre todo, el Tribunal aceptó como válida la propaganda pagada que hicieron los legisladores del Partido Verde y abrió con ello un enorme boquete a la ley electoral. Y eso lo reconocieron, mucho antes de palparse el potencial del anulista, quienes ahora temen que esa expresión sea utilizada por las televisoras para darle la puntilla a una reforma desahuciada.

3) Entre quienes se han sumado al voto de protesta (nulo o independiente), hay cuatro o cinco voces que pertenecen al grupo que desde siempre se opusieron (en todo su derecho) al nuevo modelo de comunicación política, al considerarlo una violación a la libertad de expresión e incluso interpusieron un recurso legal. El resto de ese grupo defiende el voto partidista. Fuera de esos cuatro o cinco colegas anulistas pero que militan contra la reforma electoral, no he encontrado en los blogs ni en páginas web de la corriente anulista un solo comentario (uno sólo) que aduzca al nuevo modelo de comunicación política como razón de su voto nulo. Se quejan, más bien, del despilfarro publicitario de los partidos, probablemente creyendo que aún opera el antiguo modelo de comunicación, ese que las televisoras desean revivir.

4) Pese a todo lo cual, muchos detractores del voto nulo insisten en que la expresión anulista podría ser el “caballo de Troya” de las televisoras para rematar la moribunda reforma electoral. Las televisoras siguieron con atención la evolución de la propuesta anulista, y, por momentos, parecía que la respaldaban. En todo caso, no le dieron mayor atención de lo que cualquier otro medio ha hecho, en virtud de lo peculiar de este fenómeno electoral (producto de un caldo largamente cocinado por los partidos, así como por los gobernantes y los legisladores).

5) Pero he ahí que la semana pasada ocurrió un evento que dio un viraje de 180 grados en este tema: Alejandro Martí, con su proyecto de “Mi voto por tu compromiso”, incluyó, entre otras propuestas, justamente la de echar abajo el actual modelo de comunicación política, ese que tanto afecta los intereses de las televisoras. Martí exige, para dar y promover el voto a los candidatos, “reintegrar a los ciudadanos su derecho a expresarse libremente durante los procesos electorales, los cuales fueron limitados por la reciente reforma al artículo 41 constitucional”. Acto seguido, Televisa enfocó sus baterías contra el voto nulo, promoviendo con gran despliegue el proyecto de Martí como más productivo y sensato. Baste ver el viraje sobre el tema, en las barras de opinión institucionales de las televisoras. Los partidos políticos, sus coordinadores legislativos y otros jerarcas dieron de inmediato la bienvenida a la propuesta de Martí, cuya firma notariada implicará su disposición a echar abajo la reforma electoral. A cambio de algunos votos efectivos, partidos y candidatos están dispuestos a firmar lo que se les ponga enfrente. Claro, una promesa notariada es quizá menos eficaz que el “cheque en blanco” que se supone es el voto nulo, según Martí. Pero es un hecho que las televisoras se encargarán de que los nuevos legisladores cumplan al menos su compromiso en torno a la reforma electoral (los demás puntos, probablemente, les tendrán sin cuidado). Así pues, Televisa, con la difusión y el cobijo a la opción de Martí, intentará sacarle a los partidos las castañas del fuego… y después les cobrará el favor, sin duda alguna.

6) De lo que se colige que es el proyecto de Martí —y no los movimientos anulistas— el verdadero “caballo de Troya” de las televisoras. ¿Es casual que los candidatos del Partido Verde —defensor a ultranza de las televisoras—, hayan sido los primeros en signar la propuesta de Martí? Irónicamente, quienes sufraguen por los candidatos que signen la agenda de Martí —debidamente notariada— estarán también votando por la extinción de la reforma electoral. Quizás a quienes desean (como yo) que el modelo de comunicación se renueve, en lugar de desaparecer, les convendría mejor anular su voto, en vez de sufragar por alguno de los candidatos o partidos que se hayan comprometido con Martí a darle el tiro de gracia a la “reforma chapista”.

Claro, una promesa notariada es quizá menos eficaz que el “cheque en blanco” que se supone es el voto nulo, según Alejandro.


José A. Crespo

Voto nulo: efectos jurídicos


El miércoles, el ex consejero electoral del IFE, Mauricio Merino, escribió un artículo en el que comenta que el voto nulo cuenta para determinar si un partido alcanzó o no el umbral de 2% exigido por el Cofipe para poder preservar su registro (El Universal, 10/VI/09). A partir de lo cual, mientras más votos anulados, mayor la probabilidad de que los pequeños pierdan su registro (mientras más cercanos estén a 2%). Un día después, no sé si respondiendo a lo escrito por Merino, el consejero electoral Benito Nacif afirmaba que, por el contrario: “Los votos nulos simplemente se hacen a un lado (...) Los partidos pueden mantener su registro” (Excélsior, 11/VI/09). El viernes, Leo Zuckermann corrige a Nacif a partir de lo expresado por Merino (Excélsior, 12/VI/09). Jesús Cantú, también ex consejero del IFE, ratifica la posición expresada por Merino (Proceso, 15/VI/09).

Extraña disyuntiva: ¿a quién creerle, a los ex consjeros Merino y Cantú o al consejero Nacif? Conozco a los tres desde hace años y guardo por ellos amistad y respeto profesional. Pero ese no debe ser el criterio para definir a quién daba creérsele. Mejor revisar lo que estipula la normatividad. El artículo 32 del Cofipe señala: “Al partido político que no obtenga por lo menos 2% de la votación en alguna de las elecciones federales… le será cancelado el registro”. ¿Cuál votación? ¿La emitida, la válida, la efectiva? El artículo 32 lo aclara en un párrafo posterior: se trata de “la votación emitida en alguna de las elecciones federales”. Es decir, si un partido no obtiene 2% de la votación emitida en esta elección, perdería el registro. Queda por precisar cómo se determina la votación emitida, ¿incluye los votos nulos y los emitidos por candidatos sin registro o se excluyen y quedan sólo los destinados a un partido político o coalición? El artículo 12-1 define la votación total emitida como “la suma de todos los votos depositados en las urnas”. Es decir, los votos emitidos por un partido, por un candidato no registrado y los nulos. Pero también incluye otra definición, denominada votación nacional emitida, definida como “la que resulte de deducir de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos políticos que no hayan obtenido 2% y los votos nulos”. Viene entonces una gran duda. El artículo 32 habla de votación emitida, pero no define si es total (con votos nulos) o nacional (sin votos nulos). También así lo hace al artículo 101, relativo a la pérdida de registro de los partidos. Eso hace la mar de diferencia con respecto al efecto del voto nulo: una definición del voto emitido (nacional) no afectaría la composición de la Cámara baja, pero la otra definición del voto emitido (total) sí lo haría, con potencial de eliminar uno o más partidos que, dependiendo del número de votos nulos, no lograran preservar su registro. ¿A cuál de las dos definiciones se refieren los artículos 32 y 101, ya que sólo hablan de votación emitida, sin especificar si total o nacional?

El TEPJF ha despejado esa duda en una de sus tesis relevantes, aprobada por unanimidad. La define como “el total de votos depositados en las urnas sin deducir los votos declarados nulos y, por tanto, se confirma la convicción de que dichos votos se constituyen parte integrante de la votación total emitida, toda vez que, de no ser así, el legislador hubiere plasmado como condición (para preservar el registro) el que se alcanzara por lo menos 2% de la votación válida y no de la emitida” (Votación emitida: concepto. Sup-Jrc-062/97). Es decir, para calcular el 2% que exige la ley para preservar o perder el registro de los partidos la votación emitida incluye los votos nulos, según el Tribunal. De lo que se infiere que, como asegura Merino, a mayor número de votos nulos, menor la probabilidad de los partidos emergentes de preservar su registro. Así pues, de acuerdo con esta tesis del Tribunal, el voto nulo —dependiendo de su magnitud— sí podría tener un efecto importante sobre la composición de la Cámara baja (el número de partidos que la conforman), aunque no en la distribución de curules de los que sí hayan preservado o alcanzado su registro. Es decir, todo lo que se ha dicho en este debate sobre la futilidad y carácter fantasmagórico del voto nulo habría perdido su fundamento y veracidad. Tendría, pues, repercusión sobre la composición de la Cámara baja, contrariamente a lo que se nos ha dicho hasta ahora.

Por otro lado, según el artículo 295 del Cofipe, en los distritos donde éste supere la diferencia entre primero y segundo lugares, todos los paquetes serán abiertos y sus votos recontados para dar mayor transparencia y certeza al resultado. Justo lo que no se hizo en la elección de 2006. De haber existido esta disposición en la pista presidencial de aquel año, en 25 de los 300 distritos se hubieran recontado todos los votos (lo que de cualquier manera no hubiera despejado las dudas sobre la elección presidencial, pues su resultado no se define a partir del número de distritos legislativos ganados, sino de la mayoría de votos en una sola circunscripción nacional). En suma, durante el debate sobre cómo puede usar el elector su voto en estos comicios, prevalecen dudas y confusión sobre lo que implicaría la anulación del sufragio. Por lo cual, el IFE debiera pronto despejar esa incógnita con toda precisión y veracidad —en particular el efecto del voto nulo sobre el registro de los partidos—, de acuerdo a lo establecido por la normatividad aplicable. De esa forma, el elector podrá valorar los efectos de cualquiera de las opciones que contempla la ley —y, por ende, legítimas e institucionales— antes de decidir por alguna de ellas, incluidas el voto nulo y la candidatura no registrada (que no son abstención, como pretenden los partidos políticos, hoy unidos en torno a la defensa de sus enormes intereses comunes).

El IFE debiera despejar la incógnita con toda precisión —el efecto del voto nulo sobre el registro de los partidos—, de acuerdo con la normatividad aplicable.


Referencia a Martí:

22 de junio de 2009 Martí propone pacto “mi voto por tu compromiso”

El empresario llamó a la ciudadanía a emitir su voto a cambio de que los candidatos se comprometan por escrito y ante notario público a cumplir sus propuestas de campaña. Agregó que es indispensable contar con mecanismos de rendición de cuentas.
Lun, 15/06/2009

Ciudad de México.- El presidente de la Fundación México SOS, Alejandro Martí llamó a la ciudadanía a emitir su voto a cambio de que los candidatos se comprometan por escrito y ante notario público a cumplir sus propuestas de campaña.

En conferencia de prensa, el empresario propuso a los ciudadanos el Pacto Nacional Ciudadano "Mi voto por tu compromiso", que será apoyado por las organizaciones México Unido contra la Delincuencia y el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia. ... continúa ...


Mas sobre el voto nulo

Voto nulo...
Juan Enríquez Cabot
Reforma 22 Jun. 09

¿No sería bueno modificar la legislación electoral para permitir una verdadera democracia en vez de una partidocracia? Los partidos se han vuelto fiel reflejo de la economía mexicana. Son un conjunto oligopólico de intereses que buscan, ante todo, enriquecerse y perpetuar su poder. Habría entonces que impulsar una sencilla reforma para que las elecciones verdaderamente reflejen lo que quiere la gente; habría que darle estatus de candidato al voto nulo.

El movimiento voto nulo no se inventó en México. Es un fantasma recurrente que aparece a lo largo y ancho del mundo cuando la gente siente que es imposible cambiar el gobierno usando las reglas establecidas. Es instrumento que se ha usado para combatir tanto a dictaduros como a oligopolios bipartidistas y multipartidistas. Es grito de "ya basta". Es movimiento que aparece cuando ningún partido resulta en cambio o en mejora de la situación económica, o en mínima seguridad.

Tradicionalmente, el voto nulo es aviso pre-revolucionario. Es instrumento de desesperación, no de reforma eficaz. Es gritar, sin palabras, sin apoyo institucional y canalizado, estamos hartos del statu quo. Es reflejo de furia contenida por sentir que casi todos son una bola de pillos mentirosos o timoratos impotentes o idealistas perdidos. Es saber que los que están, y los que compiten, no pueden con el paquete. Prometieron y prometieron hasta que les prestamos las llaves. Acto seguido nos devolvieron la pobre troca deshecha y sin gasolina. Y ahora quieren seguir manejando bajo la premisa de que los otros son aun peores, aun más corruptos, aun más peligrosos...

¿No estás harto de votar por el menor de todos los males? No a veces, cuando sales, vas pensando voté por éste aunque es medio menso y medio corrupto, pero por lo menos no está tan loco como el otro. La excusa que da gente como Santiago Creel para mantener este sistema es que un voto nulo "elimina representación". Su queja de fondo es que "plantea rechazo sin propuesta alternativa".

Pos generamos pues alternativas... Para transparentar la protesta y asegurar el cambio, habría que darle personalidad jurídica, como candidato oficial, al voto nulo. Esto aseguraría que no todo error se contabilice como protesta y demanda de cambio. Aclararía si la abstención es señal de indiferencia o de furia. Si el voto nulo fuera voto oficial, y si tuviera estatus como candidato, no sólo sería buen barómetro de protesta, frustración y enojo, también pudiera ser mecanismo eficaz de cambio.

Si el voto nulo tuviera personalidad jurídica, todos los que compitieran contra el voto nulo pudieran perder ante el voto nulo. En caso de ganar el candidato nulo se tendría que convocar a nueva elección, para ese puesto en particular. Los partidos listos presentarían nuevos candidatos (a menos de ser lo suficientemente necios y torpes para osar presentar, de nuevo, a los perdedores a nueva elección y humillación). Y dado que uno de los principales motivadores de los partidos es la lana, el tener que sufragar y pagar una y otra vez nuevas campañas, sería no sólo vergonzante sino también caro.

El poder votar, de manera oficial, por "ninguno" obligaría a los partidos a enfrentarse no sólo entre sí mismos sino también, de frente, a la sociedad. Los arreglos, acuerdos, compromisos que ahora se dan en lo oscurito, las concertacesiones, serían sujetos a humillante veto público. ¿En el distrito X presentaste malos candidatos para apoyar al candidato del corruptísimo niñote verde? Aguas, pudiera haber resaca. Frente a estas maniobras, le daríamos al elector la opción de decir no nos gusta ninguna de las opciones, borrón y cuenta nueva. Presenten otra terna.

Si México llegara a tener los pantalones y la visión para implementar este tipo de reforma no sólo afianzaría su democracia y empujaría reformas esenciales sino sería un país bastante más seguro. En lugares donde vuelve a ganar una y otra vez el nulo hay lío de fondo. Éste es un radar para identificar amplio descontento en país donde existe mucha furia y frustración. Es instrumento para canalizar descontento y forzar cambio. Además nos volvería ejemplo mundial. Ninguna clase política ha tenido los pantalones para implementar un cambio similar. Sería una manera de cambiar el debate sobre migración, influenza y violencia hacia un México como ejemplo de democracia crítica y avanzada. En otros países muchos se preguntarían ¿por qué no hacemos lo que hacen en México?

Dado que el IFE es ahora prisionero partidario, este tipo de reforma no va a originarse ahí. Tampoco va a tener mucho apoyo entre los aparatchiks de la partidocracia. Más bien habría que organizar un referéndum, estado por estado, municipio por municipio, delegación por delegación, donde se someta a votación ciudadana una sola pregunta: "En aquellas ocasiones cuando todos los partidos presenten malos candidatos para un puesto de elección, ¿te gustaría tener la opción para poder votar, de manera oficial, para que ninguno llegue al poder?".

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El Consejo Ciudadano Permanente promueve el conocimiento de, y la reflexion sobre, temas de interes de la comunidad; como tal, el Consejo no promueve el voto nulo ni apoya a candidato o partido alguno.

martes 23 de junio de 2009

Elecciones 2009 - Reflexiones sobre el voto

La ola

Jaime Sánchez Susarrey
20 Jun. 09


Uno de los efectos del voto nulo podría ser el de una escoba que elimine parte de la pedacera política que no tiene alguna función positiva y sólo sirve a sus intereses

No, no es cierto. El voto nulo no es una "jalada". Tampoco es verdad que tendrá efectos nulos. Se trata, en primer lugar, de un derecho y de una obligación. El ciudadano que no se siente representado ni simpatiza con ningún partido debe anular su voto. Las variantes son muchas: tacharlo todo, votar por un candidato independiente, dejarlo en blanco o inscribir una leyenda (¡Basta/10!). Todas expresan el hartazgo ciudadano y son completamente legítimas.

El efecto del voto nulo será completa y absolutamente tangible. Por una parte funcionará como un voto escoba. Los partidos pequeños deben obtener un 2 por ciento -o más- de la votación para mantener su registro. Ese porcentaje se calculará sobre el total de los votos emitidos -incluidos todos y cada uno de los votos nulos- el próximo 5 de julio. Por eso la anulación del voto hará más difícil que la pedacera conserve su registro y más de alguno desaparecerá.

Según la encuesta de Reforma (17/06/09), en esa tesitura están el Partido del Trabajo (3 por ciento de intenciones de voto), Convergencia y Nueva Alianza (2 por ciento respectivamente) y el Partido Socialdemócrata (1 por ciento). Para evaluar el efecto de esta depuración hay que referirse a dos datos: el Partido Verde, el PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD absorben mil 309 millones de pesos de los 3 mil 633 millones que el IFE destina a los partidos. Y, además, ocupan 20 por ciento del tiempo oficial en los medios electrónicos.

Pero el efecto escoba del voto nulo va más allá del ahorro en los recursos públicos. La pedacera no tiene ninguna función positiva. Se trata, en todos los casos, de negocios corporativos (Nueva Alianza de Elba Esther Gordillo), familiares (el Partido Verde propiedad de los González Torres), caciquiles (Convergencia de Dante Delgado) o mafiosones (el PT de Alberto Anaya). Ninguno tiene un proyecto definido ni contribuye a la pluralidad democrática.

Por otra parte, el voto nulo tendrá un efecto sobre la partidocracia. En este caso, como se decía hace muchos años, el medio es el mensaje. La anulación del voto expresa, en sí, una crisis del sistema de representación. Pese a los ocho partidos existentes, hay millones de ciudadanos que se saben no representados y que están hartos de los abusos y la voracidad de todas las formaciones políticas, pero particularmente de las tres grandes. La clase política, o al menos los sectores más lúcidos, no podrá obviar ni subestimar ese malestar ciudadano.

La velocidad del contagio ha puesto ya la anulación del voto en el centro del debate político. Es importante, por lo mismo, medir las dimensiones del fenómeno. El padrón electoral está integrado por 78 millones de electores. Según la encuesta de Reforma ya citada, el 39 por ciento tiene la intención de votar el próximo 5 de julio, esto es, 30 millones 420 mil ciudadanos se presentarían en las urnas.

Y aquí viene lo verdaderamente importante: el 15 por ciento de esos votantes probables ha considerado anular su voto por no sentirse satisfecho con ninguno de los partidos políticos. Lo primero que salta a la vista es la dinámica del movimiento o, como ya dije, la velocidad del contagio. En mayo los anulacionistas sumaban un 10 por ciento. Nivel notablemente alto, porque nunca había habido un movimiento de esta naturaleza. Pero lo que tiene verdaderamente aterrada a la clase política es que en tres semanas se haya registrado un incremento del 50 por ciento.

¿De cuántos ciudadanos estamos hablando entonces? El 15 por ciento de los 30 millones que piensan acudir a las urnas equivale a 4 millones 563 mil electores. ¿Son muchos o son pocos? Si se les compara con los 25 millones 857 mil que votarían por algún partido no son demasiados. Pero semejante correlación deja de lado lo fundamental. Estos ciudadanos son jóvenes en su mayoría, están bien informados y han encontrado una vía para expresar su inconformidad.

El fenómeno no es menor ni tiene precedente. Hasta ahora internet ha sido el medio para tejer redes ciudadanas. De aquí al 5 de julio el movimiento podría expandirse aún más. La gran incógnita es si efectivamente estos ciudadanos saldrán a votar. Si lo hacen y la anulación del voto ronda el 15 por ciento, cimbrarán al sistema político. Será un pequeño tsunami. Ningún partido ni ningún político podrá cerrar los ojos ni los oídos. Por lo demás, es muy probable que la ola siga creciendo en los próximos días.

Por eso hay que repetir una y otra vez: es completa y absolutamente falso que el voto nulo tendrá efectos nulos. Quienes promueven esta idea están aterrados, quieren detener el movimiento, o se resisten a reconocer la realidad. La ola ya está aquí y va en aumento. El solo hecho de que el debate esté girando en torno de la anulación del voto constituye una victoria. Pero no es suficiente. El impacto dependerá de que el hartazgo ciudadano se manifieste y se concrete en las urnas. Por eso hay que acudir a las casillas y anular el voto.

La oportunidad es única. Sería imperdonable dejarla pasar. El voto nulo es el instrumento de un movimiento civil, pacífico y responsable. Está al alcance de todos y cada uno de los ciudadanos. No hay que desperdiciarlo. Hay que dar el primer paso este 5 de julio para marcar, luego, la agenda de la nueva reforma electoral.

El objetivo es claro: limpiar la casa, acotar a la partidocracia, abrirle cauces a la participación ciudadana y defender el derecho a la libertad de expresión e información. Parafraseando a José Martí deberíamos decir y escribir por todas partes: ésta es la hora de los ciudadanos y no habrá de verse más que luz.

(Visita la página www.basta10.com).




Para efectos democráticos, es más efectivo votar por un candidato independiente, que anular el sufragio

René Delgado

Reforma, Junio 20
El malestar ciudadano


Cuando el debate de una campaña electoral lo nutre ejercer o anular el voto, se entiende que la distancia entre ciudadanos y partidos está cerca de una fractura.

En ésas estamos y ese debate se ha tratado de ridiculizar -ahí está el payaso de Vicente Fox, calificándolo como "una jalada"- o de neutralizar con foros o promesas notariadas pero, en el fondo, se desprecia por los partidos: en vez emprender, ahora, una acción legislativa clara y contundente, se ha pretendido hacer creer que próximamente la ciudadanía será tomada en cuenta. Pese a la desesperación supuesta en la anulación, los partidos no se conmueven. Saben que con muchos o pocos votos, legitimados o no, tendrán sus curules y, entonces, no ven por qué atender el malestar ciudadano.

El peligro de vaciar la democracia es que, esta vez, ese acto de repulsa es consciente, exige ir a la casilla y, ahí, dejar constancia de que no hay elección posible, y se da en una atmósfera sobrecargada por la violencia desplegada por los factores reales de poder -criminales o no- que, al reconocer la fragilidad del momento, aprovechan para apresar las instituciones nacionales y el Estado de derecho.

* * *
Muy vieja data tiene el divorcio entre ciudadanía y partidos y, a pesar de los peligros que entraña para la solución pacífica y civilizada de las diferencias, los gobiernos y los partidos lo ignoran o, peor aún, lo agravan.

A excepción de la reforma política de finales de los setenta, las demás han sido simples ajustes electorales. Esas otras reformas han puesto la energía y el esfuerzo en los derechos de los partidos pero no en sus obligaciones y, desde luego, han menospreciado los derechos ciudadanos.

Sin duda era importante que el voto fuera contado y contara, pero eso no bastaba ni basta. Todos los demás instrumentos de participación ciudadana -excepción hecha del acceso a la información- fueron escamoteados. Los partidos se esmeraron en elevar a los mexicanos con mayoría de edad al rango de electores, pero no de ciudadanos.

Las mil y un reformas de Estado cacareadas durante los últimos años nunca rebasaron el nivel electoral. Abordaron, como de si abalanzarse sobre un botín se tratara, las reglas para repartir el poder entre los partidos; y despreciaron, como si de residuos tóxicos se tratara, las reglas para rendir cuentas a la ciudadanía sobre el ejercicio de ese poder. Más de dos décadas se ocuparon en ajustar el porcentaje para el registro de los partidos, en aumentar sus prerrogativas, en integrar los órganos regulatorios, en normar su propaganda... pero siempre se dejó para otra ocasión ampliar la participación ciudadana.

* * *
A esa conducta se agregó otra más peligrosa. Fincar las campañas electorales en la confrontación y la polarización ciudadana sin preocuparse, después, por reponer puentes de entendimiento entre ella.

En el 2000 pasó desapercibido ese peligro porque se decidió pagar el precio de la alternancia pero, luego, el foxismo no quiso ni supo convertir la alternancia en alternativa para consolidar la democracia. Desperdició la oportunidad de transformar el poder y rediseñar el régimen.

Luego, en el 2006 se echó mano del Estado de derecho para eliminar a un adversario así como del discurso de los pacíficos contra los violentos, de los criminales de cuello blanco contra los pobres pero honestos. Ahora, el partido en el gobierno no tiene empacho en presentar la elección como la opción de estar con o contra el crimen y de usar el combate a éste como instrumento de campaña.

A la ciudadanía se le ha confrontado poniéndole un cuchillo entre los dientes para que salga a encarar al otro -su vecino, su paisano, su compañero de trabajo- como el causante de que el país no salga del agujero a donde lo han llevado los partidos.


Incapaces de resolver sus diferencias, los partidos las trasladaron a los ciudadanos hasta generar un profundo desencuentro nacional.

* * *

Desinteresados en legitimarse en las urnas sobre la base de darle contenido ciudadano al continente que son los partidos, los gobiernos emanados de esas elecciones han recurrido a otros instrumentos para consolidarse en el poder.

Si a Salinas el quinazo le vino como anillo al dedo, Calderón vio en el crimen organizado al enemigo común al que la nación en su conjunto y sin chistar tenía que hacerle frente. Así, sin estrategias ni planes, se ha embarcado a la nación en una y otra aventuras.

Ahora mismo, aun cuando se exhiben como trofeos de caza las detenciones, los decomisos, las incautaciones y los operativos, el resultado de esa aventura no es muy alentador: el autoritarismo cobra fuerza, la violencia aumenta y la garantía a la integridad, el patrimonio y la seguridad de la ciudadanía sigue siendo una quimera.

Hasta el lenguaje ha sido trastocado por la violencia. Los encobijados, los encajuelados, los ejecutados, los decapitados, los cocinados y, ahora, después de ver los cuerpos aparecidos en Uruapan, los destrozados... son palabras de uso corriente. El grado de la violencia exhibe el nivel de impunidad prevaleciente, no la victoria del Estado de derecho.

* * *
Sin reformar el poder, sin legitimarse en las urnas, polarizando a la gente e integrando la violencia a la costumbre, gobiernos y partidos se han echado en brazos de los factores reales de poder al precio de soltarles las riendas de su voracidad.

Como a esos factores de poder, gobiernos y partidos no pueden dispensarles trato criminal porque, a fin de cuentas, se han asociado con ellos para sostenerse al frente de las instituciones, el chantaje, la imposición, el privilegio, la transa y la arbitrariedad se han convertido en la forma de entendimiento con ellos. Sin relleno ni respaldo ciudadano, gobiernos y partidos sucumben ante esos factores de poder y, por lo mismo, sacrifican los intereses nacionales en favor de los intereses particulares de sus patrocinadores.

* * *

Hasta hoy, los anulistas no han conseguido nada. El canto de los partidos asegurando tenerlos presentes es música de fondo. Deben sostener y aumentar la presión hasta arrebatar, antes del 5 de julio, la convocatoria a un periodo extraordinario a realizarse por la actual Legislatura. Es ahora, no mañana. Exigir una acción legislativa clara, contundente y asertiva -se antoja, la reducción del número de integrantes del Congreso de la Unión, con aplicación al 2012- para, entonces, votar en vez de anular el voto.

Hay tiempo, poco, para darle contenido ciudadano al continente de los partidos. Otra cosa es fijarle fecha a la fractura.


Fausto Cantú Peña

(Publicado en Reforma)


Ciudad de México (14 junio 2009).- Proclives a la simulación, cada vez nos alejamos más de la autenticidad creativa y constructiva. Esto queda claramente manifiesto en nuestra democracia adolescente en la que el sistema de partidos políticos no llena las aspiraciones ni las necesidades de una población en creciente demanda de satisfactores de todo tipo, en su mayoría escéptica y abstencionista.

Onerosa, ineficiente e ineficaz para ser gobierno –que no Estado–, la partidocracia y su nomenclatura, así como sus cómplices, cierran la puerta a otras formas de participación ciudadana en pro del perfeccionamiento de la democracia y de la vida republicana; lo hacen conculcando el derecho o, también, haciendo a la ley farragosa y laberíntica para confundir al elector con el propósito ulterior de mantener sus privilegios en el manejo del poder público y el presupuesto.

Es el caso de la prerrogativa que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos nos otorga a los ciudadanos en su artículo 35 fracciones II y III para poder ser votados a todos los cargos de elección popular y asociarnos individual y libremente para tomar parte en forma pacífica de los asuntos políticos del país.

Conforme a lo establecido en el artículo 41, los partidos políticos son entidades de interés público y deben promover la participación del pueblo en la vida democrática y la integración de la representación nacional y, como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público; sin embargo, en el mismo artículo se prefija la condición de hacerlo de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan tales institutos. Dicha contradicción motiva el cuestionamiento al hecho incontrovertible de que si al ciudadano no lo convencen o satisfacen, pueda tener otra opción.

A mayor abundamiento, nuestra Ley Suprema no condiciona que para ser votados tengamos la obligación de afiliarnos, asociarnos o adherirnos a una agrupación o partido político específico a efecto de poder ejercer tal garantía.

Por lo anterior, es legítimo y suficiente para los ciudadanos quienes busquemos cargos de elección popular y no estemos afiliados o asociados a partido político alguno, o no compartamos los principios, programas o plataformas de éstos, o no estemos convencidos de la probidad y diligencia de sus dirigentes, simplemente notificar al IFE nuestras candidaturas, ajustarnos a los máximos de los gastos electorales autorizados, para que así, en caso de obtener la voluntad favorable del electorado, podamos tener acceso a los cargos de elección popular, en un ejercicio de auténtica democracia.

Por otra parte, no tiene sentido que en las boletas electorales que se utilizan en la jornada respectiva aparezca un espacio en blanco a efecto de que los electores lo usen y anoten en ese lugar el nombre del candidato independiente de su elección y se computen a favor de éste los votos que haya obtenido, y de ser el caso se le expida la constancia de mayoría correspondiente o la declaratoria que se infiere en materia de elección de presidente de la República.

Y para complicar el cuadro antidemocrático, los Candidatos Constitucionales Ciudadanos Independientes (CCCI) a quienes se reserva tal espacio son llamados "No registrados" en un acto de simulación.

En este sentido, el 31 de octubre del 2003, Constitución y República Nuevo Milenio A.C., agrupación ciudadana de análisis, debate y propuesta (plural y apartidista), presentó una consulta a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al IFE, sobre la viabilidad jurídica de las CCCI, la cual hasta la fecha no ha sido contestada; asimismo, en el 2006 solicitamos el registro para contender 12 candidatos a diputados federales, mismo que el IFE nos negó y por lo tanto acudimos al amparo; finalmente nos encontramos deambulando de una controversia constitucional a otra.

En el 2009, 11 CCCI "no registrados" notificamos al IFE nuestra disposición a contender y solicitamos contara los votos a nuestro favor, a lo que el organismo contestó: "atendiendo a que no existe registro, los votos no registrados se computan en las actas de cómputo y escrutinio como votos de otros"; no obstante, gestionamos una iniciativa que modifique las disposiciones del Cofipe, para que se reconozcan cabalmente las CCCI y las plurinominales se asignen a éstas.

Incidentalmente, en lugar de nulificar el voto o hacerlo en blanco es preferible votar por Candidatos Constitucionales Ciudadanos Independientes.

El autor es economista del ITESM, coordinador nacional de Constitución y República Nuevo Milenio A.C.



La fractura y la nariz tapada
(Entrevista con RogerBartra)


Bartra llama a sí votar, aunque admite que, al hacerlo, los electores no podrán librarse de cierto tufo pestilente.

Roberto Zamarripa

Ciudad de México (21 junio 2009).- Roger Bartra (México,1942) ataca de nuevo. Publica La fractura mexicana (Random House Mondadori, 2009) que incluye una serie de ensayos sobre la imposibilidad de las principales fuerzas políticas emanadas de la elección del 2006 de generar un pacto de gobernabilidad lo que puede propiciar una involución.

"Mientras unos tratan de gobernar, los otros favorecen el desgobierno. En tanto unos tratan de negociar y dialogar, los otros bloquean los acuerdos. Esta fractura ha auspiciado que las fuerzas del antiguo régimen autoritario se presenten como una pantanosa mediación e intenten un juego cesarista encaminado a ganar las elecciones de 2009", advierte en su nuevo libro.

Bartra dice que esa fractura pega a la izquierda opositora como a la derecha gobernante, y atisba: "todo parece indicar que la izquierda sufrirá un importante desplome como consecuencia del lamentable espectáculo de sus actitudes rijosas y de su corrupción interna".

Sociólogo, antropólogo, analista, no anulista, crítico incómodo, Bartra responde a Enfoque, por escrito desde Londres, sobre su libro y califica como "un absurdo" la convocatoria pública a anular el voto.

Votará el 5 de julio, aunque precisa que lo hará "con la nariz tapada".

Afirma que las tendencias liberales y/o democráticas en el PRD y el PAN se han debilitado, sometidas por fuerzas conservadoras en ambos casos. ¿Cuál es la perspectiva de esas tendencias: formar nuevas agrupaciones o contender internamente para cambiar a los partidos?

En el caso del PRD las corrientes conservadoras populistas perdieron la dirección del partido en las pasadas elecciones internas frente a las corrientes de orientación socialdemócrata. Ahora los conservadores, impulsados por López Obrador, están operando en dos pistas simultáneamente: por un lado se mantienen en el PRD para influir en las decisiones políticas, contender internamente y obtener postulaciones a cargos de elección popular. Por otro lado se han aliado a dos partidos marginales, en peligro de extinción y decadentes, el PT y Convergencia, para apuntalar su influencia.

En el PAN no hay señales de que la fractura interna que opone a liberales y conservadores provoque que algunos grupos decidan formar nuevas organizaciones. Todo indica que la contienda seguirá siendo interna. Aquí también han avanzado las corrientes modernas, que ahora tienen a dos nuevos secretarios en el gabinete (Juan Molinar y Alonso Lujambio) y mantienen la dirección del partido.

Hoy se cuestiona la partidocracia en México. ¿Cree usted que el sistema de partidos mexicano está anquilosado? ¿Vive una crisis terminal?

Quienes más han cuestionado la llamada partidocracia son los empresarios y el duopolio televisivo, que añoran la vieja hegemonía del Estado nacionalista revolucionario, durante la cual ni siquiera el PRI tenía fuerza, pues era un mero apéndice del gobierno. Lo que llaman partidocracia es la democracia representativa. No les gusta la democracia y aborrecen el juego de partidos. El sistema de partidos no está anquilosado; por el contrario, se está moviendo e incluso agitando. Pero sí se encuentra en serias dificultades. El sistema electoral vigente fue diseñado para paliar los males del autoritarismo y funciona mal en las nuevas condiciones democráticas. Es necesario reformarlo.

La derecha partidista mexicana fue clave en los ochentas y noventas para impulsar reformas democráticas sobre todo a nivel electoral, cuando era oposición al PRI. ¿Por qué se ha frenado el impulso democratizador de la derecha en el gobierno?

El dinamismo de las reformas democráticas provenía de la presión simultánea y a veces coordinada de la derecha y de la izquierda. Pero la fractura política que se abrió en 2006 ha frenado los impulsos democratizadores de todos, dando como resultado un resurgimiento del PRI. Lo que hay es una parálisis política que dificulta los acuerdos entre partidos. La cerrazón de la derecha dura ha espoleado las reacciones populistas. La intransigencia de sectores de la izquierda ha fortalecido posiciones conservadoras en la derecha. El excesivo caudal de dinero que llega a los partidos ha estimulado sus actitudes faraónicas, erosionado los impulsos democráticos y estimulado la corrupción.

¿Por qué una izquierda que vivía del enaltecimiento de las luchas sacrificadas de sus militantes (Campa, Vallejo, Heberto Castillo) ahora simboliza la corrupción política?

No estoy seguro de que la izquierda simbolice la corrupción política. Acaso sea una exageración. Pero es evidente que la corrupción ha avanzado mucho en las filas de los partidos llamados de izquierda y en los gobiernos que controlan. Creo que es una amarga herencia de la cultura priista, que ha penetrado en todo el sistema de partidos. El espíritu de sacrificio correspondía a una época en que dominaba un sistema represivo; debió ser sustituido por un espíritu de servicio a la comunidad y a la sociedad. La transición democrática exige una vocación por construir y mantener estructuras dedicadas al bienestar. Pero muchos en la izquierda han confundido el espíritu de servicio político con el oficio burocrático y la rapiña.

¿Cuál es su opinión sobre el voto en blanco o la convocatoria a anular el voto en las próximas elecciones?

Las personas tienen diversas opciones a la hora de votar en secreto. Una de ellas es el voto en blanco o anulado, si no les satisfacen las alternativas. Es una opción perfectamente legítima, útil y comprensible. Otra cosa es la convocatoria pública para ganar adeptos de la anulación de votos. Ello es una forma peculiar de militancia política que conlleva una visión de la coyuntura. Responde a determinados intereses. Los anulacionistas del duopolio televisivo rechazan lo que llaman la partidocracia porque ella afecta sus intereses. Los pejistas desencantados se proponen castigar a los nuevos dirigentes del PRD inmolando su voto. Los añorantes del PRI quieren anular votos pues ello afecta principalmente al PRD y al PAN. Los radicales trasnochados quieren sacrificar su voto porque creen que el actual sistema es igual de malo que el antiguo régimen de partido único. Yo creo que en estos momentos el llamado público a la anulación del voto es absurdo. Forma parte de un ritual de sacrificio, no tan diferente al de una huelga de hambre. Es como una expiación: el voto es inmolado para reparar las culpas del sistema. Por ello quieren enviar el voto al desierto, como al chivo proverbial.

¿Dejar de creer en la representación electoral es un síntoma más de la fractura mexicana?

Es un síntoma de la melancolía que suele apoderarse de mucha gente en un régimen democrático. Siempre cito a Tocqueville al respecto. En La democracia en América se refiere a la nueva enfermedad de las naciones democráticas: allí la igualdad que desean siempre está a la vista, pero conforme avanzan hacia ella se va retirando: "a cada momento creen que están a punto de alcanzarla, pero constantemente se les escapa. Están suficientemente cerca para ver sus encantos, pero demasiado lejos para gozarlos... A estas causas debe atribuirse esa extraña melancolía que con frecuencia acosa a los habitantes de las naciones democráticas".

Ello sucede por confundir las cosas. La democracia es solamente un sistema de representación y no resuelve por sí misma los problemas sociales.

¿Votará usted el 5 de julio? ¿Hay por quién votar?

Sí, creo que hay opciones, aunque me temo que al votar por ellas habrá que hacerlo con la nariz tapada, como le ocurre a una gran mayoría de personas en todos los países democráticos. Yo nunca he logrado votar sin percibir algunos tufos pestilentes. En esta coyuntura, a quienes les disguste la posibilidad de que el PRI retorne con fuerza, se les ofrecen algunas alternativas. Anular el voto favorece al partido del antiguo autoritarismo.

Enuncie tres cambios fundamentales en el régimen de partidos.

1. Crear un sistema parlamentarizado, menos presidencial.
2. Rebajar sustancialmente, por lo menos en un 50 por ciento, el financiamiento gubernamental a los partidos.
3. Eliminar los representantes plurinominales y permitir la reelección de diputados y senadores.

Novedad editorial
Título: La fractura mexicana.
Autor: Roger Bartra
Editorial: Debate, de Random House Mondadori.
País y año: México, 2009.

lunes 22 de junio de 2009

Autonomía Ficticia en la Universidad de Nuevo León

UNL. Autonomía ficticia

Severo Iglesias. Mayo, 2009.

1. Mito y rito. Cuando una respuesta es recurrente y se usa en cualquier circunstancia, está en camino de volverse un mito: su relato previene contra la duda y la crítica. El rito es su complemento. Siendo acto reiterado, anestesia la conciencia y refuerza la prevención y el dogma.

Pero las leyendas mitológicas no son fantasías, tienen existencia transfigurada. Leídas como acertijos, no tienen una lógica de acceso, son adivinanzas, su solución no es convincente, es insinuación; leídos los signos no verbales de sus misterios (gr. myein, “cerrar los labios”) delatan su secreto (lat. secernere, “poner aparte”). Es cosa de descortezar las palabras.

Por ejemplo, la diosa Atenea, secretaria de la asamblea olímpica, trabajadora y previsora, (agoraia, ergane y pronoia), no nace como cualquier mujer, de vientre natural; se gesta como dolor de cabeza en Zeus, que el herrero Hefestus alivia con un hachazo, del que brota la lechuza. Todo se aclara cuando el problema es dilucidado: Zeus representa la política, el hacha bifronte es cetro del poder, el técnico sigue sus mandatos, la lechuza ve de frente, no puede eludir o fingir.

Para comprender al mito se debe penetrar en su dialéctica: es inversa al logos. La razón hace hablar al ser: lo convierte en problema y busca su respuesta; el mito no percibe el problema, sólo es atento al resultado. Por eso lo usa como fórmula inescrutable.

La tarea de la razón es des-cubrir el problema. Lo demás se pone a la vista con evidencia.

***

Es así como se mitifica la autonomía universitaria en los países cuyo pensamiento, espíritu, valores, ciencia, cultura y tecnología son débiles. Se borran los rastros del problema que la originó. Con ella se creyó responder al atraso, al malestar académico y profesional; pero con los discursos rituales sobre la autonomía universitaria se expulsa a la postura contestataria. Vamos a ver.

2. La leyenda de la autonomía. ¿Cómo surgió la autonomía en México? En la superficie, por un problema universitario común, como los que se dan en la institución desde que nació en siglo XIII. El 9 de julio de 1929, declara Portes Gil: ante “el peligro de ser devorada por los prejuicios y las tradiciones”, “el gobierno revolucionario de México da la oportunidad única a las clases intelectuales para que vengan a confundirse y a saber qué es la Revolución y que comprendan su enorme responsabilidad.” Su fuente, pues, era la distancia en la clase media ilustrada y la marcha de la Revolución Mexicana.

En Nuevo León, ante una demanda escolar rutinaria, el 2 de octubre de 1969, a un año de la fecha simbólica del 68, Eduardo Elizondo gobernador, identificado con los intereses empresariales, sorpresivamente propone que el consejo universitario nombre al rector y las juntas directivas a los directores de las escuelas. Se agregaba la autonomía administrativa y académica, que por razones prácticas ya funcionaban. A eso se llamó con eufemismo: “autonomía”. El 26 de noviembre el congreso aprueba la ley. Su causa quedaba en la oscuridad.

El cambio de régimen administrativo fue festinado como la gran innovación que traería mejoras para todos. Por lo pronto, la “comunidad” y la burocracia universitaria agregaban la “A” a los papeles y las fachadas.

¿Qué significó tal “autonomía” para los fines de la UNL, qué beneficio trajo para México y NL, para la ciencia, la cultura, la tecnología y la vida nacional? Nada y ninguno. La enseñanza ha sido la misma rutina: el profesor no sabe más de lo escrito en el texto, el estudiante repite lo mismo; el desempleo ilustrado es cotidiano, las cuotas son cada vez más altas, los pagos por titulación y trámites son exorbitantes. El ejercicio profesional es mero medio para obtener mejor remuneración. Se decía que debía de salir de la torre de marfil, hoy debe salir de la torre de control.

Obviamente, entre el significado que legalmente dio el Estado a la autonomía y el que tomó realmente hay una gran distancia, como la que hay entre la ficción y la vida efectiva. Inversión de significados que cobró su verdadera eficacia: la esperanza ficticia se volvió frustración real.

3. El verdadero significado del mito. El verdadero significado del mito, ya señalamos, emerge detectando su problema. ¿A qué problema obedecía la autonomía?

Los mitómanos gustan de referir los sucesos a los agentes, los hechos y anécdotas, como si eso los explicara. Quienes ocuparon puestos en la Torre, creen haber desempeñado un papel “histórico” y guardan los recortes de prensa de esos días. La lucidez, en cambio, exige detectar el referente efectivo al que responde: como toda institución lo tiene en las condiciones de su época, el régimen político y los intereses en juego. Recordemos.

Þ Para la UNM, las condiciones históricas en 1929 eran:

* La segunda revolución tecnológica moderna con la industria eléctrica, de hidrocarburos, química, farmacéutica, automotriz, aeronáutica. Una característica suya: absorben la ciencia en sus procesos.

* Nuevas ramas de la biología, la mecánica cuántica, la relatividad, la ciencia atómica, la lógica matemática, el psicoanálisis, los reflejos condicionados, la sociología y la economía positivas, el derecho colectivo, civil y nacional, las ciencias de la educación, la administración privada y pública.

* Los carteles del capital se disputaron el dominio del mundo en la guerra 1914-18.

* La distancia entre los países imperialistas y los dependientes se ampliaba: al dominio comercial se agregaba el monopolio de la industria de medios de producción, los atrasados producían materias primas. Se ahondaba la brecha entre el mercado de bienes de capital y el de consumo.

* Los nuevos medios de comunicación, la prensa masiva, el radio y el cine, usaban las bases consuetudinarias perceptivas del deseo y la motivación, para generar la industria cultural.

* Los obreros socialistas tomaron el poder en Rusia.

* El régimen fascista avanzaba en Italia y cobraba forma en Alemania.

* México realizaba una revolución antifeudal, hacía transformaciones para acabar con los poderes retrógrados de la iglesia, los terratenientes y el pretorianismo. La nación se abría paso como fundamento de la vida política y civil, el poder constitucional rescató la propiedad originaria de los recursos naturales del país.

* La crisis económica mundial hizo su aparición.

* En 1929 México también vive una crisis: acaba de terminar el conflicto de la iglesia con el estado revolucionario, Obregón, el último caudillo, es asesinado, se funda el Partido Nacional Revolucionario para unificar las fuerzas políticas, el movimiento vasconcelista cobra tintes antirrevolucionarios, la universidad no tiene gran importancia para los militares.

  • El movimiento obrero se debatía entre el gangsterismo de la CROM y el sindicalismo oficial que cristalizó en la fundación de la CTM en 1936. El campesino era la fuerza de la reforma agraria. Las clases medias buscaban un lugar en el esquema nacional.

· ¿Era más importante preparar profesionistas que responder a las angustias del mundo y de México? La autonomía universitaria se levantó en la abstracción histórica. No se orientó por los problemas de su tiempo, se inspiró en el mismo brillo “cientista” del porfirismo que la fundó en 1910.

Olía a derechas. Claro, ante un México que buscaba su integración nacional y social acabando con la segmentación hacendista, el atraso y el aislamiento de grandes grupos de población, la desorganización de los trabajadores y las fuerzas políticas, en una palabra, en un México donde nacía el tejido de interrelación de todos sus componentes, la institución universitaria que reclamaba una vida aislada parecía voltear hacia el pasado.

Potencialmente no había duda: la universidad tenía una gran misión y responsabilidad ante la nación y la sociedad mexicanas. Pero en tales condiciones la UN”A”M se refugió en la burbuja, la “torre de marfil” que tantos criticaron.

Þ Para la UNL, las condiciones históricas en 1969 eran:

* Marchaba la revolución cibertécnica, la ingeniería genética, la robótica, la optrónica, la industria espacial, la telemática, la industria militar nuclear, se ampliaba la automatización, se generalizaba el trabajo ”inteligente”. La ciencia positiva y la técnica se volvían una sola cosa.

* Tomaban forma las empresas transnacionales, germen de las redes corporativas planetarias, con producción segmentada y modular, que descalifican a la formación profesional tradicional.

* El desarrollismo tocaba a su fin. Habiendo impulsado la producción secundaria en los países dependientes, los ató con mayor fuerza a los centros imperiales que surten los nuevos medios y materiales intermedios.

* El régimen instaurado por la Revolución Mexicana daba signos de agotamiento. La clase capitalista mexicana patrocinada por el Estado se había configurado, estaba lista para apoderarse de la economía estatal y “civil”. Ahora podía refuncionalizar el régimen institucional a sus fines de privilegio.

* El control de la sociedad por el corporativismo sindical, agrario y popular perdía eficacia, la clase empresarial ya formaba parte del dedo elector.

* El socialismo se debatía en una crisis ideológica mundial y el conservadurismo que había penetrado en sus estados.

Nada de eso fue considerado como referente de la autonomía. En la fiesta la pregunta central era ¿quién sería su rector?

4. El proyecto privatizador de Elizondo. En Nuevo León la universidad había sido penetrada por el poder patronal. (Agustín Basave era un ideólogo de éste). Luego de concitar en 1962 a las fuerzas reaccionarias contra el rectorado de José Alvarado y los libros de texto gratuitos, había colocado a Eduardo Elizondo, emisario de los banqueros, en la tesorería del gobierno y luego en la rectoría de la UNL.

Su odio a las humanidades era conocido: su primer proyecto (que presentó personalmente a quien esto escribe), fue desaparecer la escuela de filosofía, igual que hoy en 2009 la SEP federal ha pretendido hacer desaparecer los estudios de filosofía de la educación media superior. Pretendía suplantarla con un centro “de investigación” con “becados”. Naturalmente, recibió una negativa rotunda a su proyecto.

Maniobrando con la complicidad del sindicato universitario (como lo denunció un sector estudiantil en un documento titulado Cómo elevar un rector a gobernador?), en 1967 Elizondo llega a la gubernatura como candidato priísta. Su táctica era sabida por todos: tomarla como trampolín, incrustarse en el gabinete económico del gobierno federal y conquistar más prebendas, concesiones y ventajas para los empresarios.

Desde el palacio EE arma la embestida contra la UNL y sobre todo contra los estudiantes. Estos habían avanzado en su organización y conciencia política. De las demandas académicas, habían pasado a las convicciones sobre el poder y la vida nacional. Elizondo quiere ser líder de la reacción. Cuando ya se sentía el malestar general nacional, presenta su proyecto aristocratizante de universidad.

Por entonces, Espinoza Iglesias, director del Banco de Comercio, había propuesto “que la iniciativa privada intervenga en la forma más decidida posible en la educación”, que los estudiantes “paguen no sólo las colegiaturas, sino el costo real de su educación.” Su propuesta: otorgar créditos reembolsables al terminar los estudios. Así “podrían perfeccionarse los canales de comunicación entre los estudiantes y autoridades universitarias, así como entre los estudiantes y las empresas.” Las escuelas serían, de ese modo, “remansos de la paz y el orden.” [El correo económico. Núm. 111, 1968.]

En la misma línea de negocios, Elizondo presenta en marzo del 68 su “Anteproyecto de Ley que crea el Instituto de Préstamos para la Educación Superior”.

Su función: “centralizar las finanzas de la UNL”. Su lema: estudie ahora, pague después. Su significado efectivo: esclavitud por deudas. Su procedimiento: elevar las cuotas. Su novedad era el “instituto”, un instrumento del poder económico y estatal, de estilo corporativo fascista: compuesto por el rector, el director de la sep, un representante del gobernador, dos campesinos, dos sindicales, dos del sector popular y dos del fantasmal ”consejo estatal de la ciudadanía”.

La respuesta estudiantil fue contundente. Se formó un Consejo Estudiantil con representación democrática y directa de cada grupo escolar. (Que sería la organización adoptada por el Consejo Nacional de Huelga en agosto del 68). Se elaboró una contrapuesta bien fundamentada y se invitó al gobernador a un diálogo público. Este lo eludió y retiró su propuesta aristocratizante. [Carta publicada por Sucesos, revista de circulación nacional, 4 de mayo de 1968.] Debe recalcarse: en su gran mayoría los profesores no apoyaron a los estudiantes.

5. La autonomía de un ultraconservador. Durante el movimiento del 68, Elizondo se hace a un lado y tácitamente simpatiza con los ataques al gobierno federal (aunque desde el interés patronal). Volviendo a la carga, el 2 de octubre del 69 otorga la “autonomía” a la UNL. Nadie la había pedido. Se percibía su estrategia: retirar al gobierno de la interlocución abierta con la universidad, para maniobrar en la oscuridad, como lo hace hasta la fecha.

¿Qué significaba, por tanto, que un representante de los negocios privados, enemigo de los intereses sociales y del trabajo, propusiera la autonomía de la UNL? Era un juego de burlas e inversiones, tal como si un papa Borgia hubiera defendido el luteranismo, o si Maximiliano hubiera dicho ser descendiente de los aztecas.

Era una medida polivalente: Elizondo pulía su imagen en el PRI, los grupos de interés universitario podían defender mejor sus posiciones, los militantes del Partido Comunista, atrincherados en el sindicato, se movilizaron en apoyo a Elizondo, les abría la puerta a la alta burocracia universitaria.

Estos, con su conocida táctica de “presionar apoyando”, declaran que “el movimiento estudiantil logra así una de sus primeras conquistas”.: el mendrugo de la autonomía. Así cerraron los ojos al movimiento del 68 que alcanzó su más grande conquista: la presencia de los estudiantes en la vida nacional.

Las nuevas izquierdas, con fuerza en el movimiento estudiantil, presentaron un proyecto de reforma como condición para aceptar la autonomía. Sus bases: una educación científica, humanista y democrática; libertad de aprender, cambiando la relación maestro-alumno a la división de funciones para buscar soluciones a problemas reales del vida nacional, social y humana.

Movimiento al que se opuso la vieja izquierda, con el pretexto de “dar a la ‘opinión pública’ una ‘buena imagen’ de la UNL” y de “no presentar problemas” a las autoridades. Todo se concentró en la aprobación burocrática de la nueva ley orgánica. Su contenido medular: formar una asamblea compuesta por tres representantes maestros y tres estudiantes de cada escuela, las juntas directivas serían paritarias.

El rectorado “autónomo”, compuesto por dirigentes de esa vieja izquierda parapetados tras la honestidad de Oliverio Tijerina, hizo lo mismo que el “autoritario”: inventario, programación administrativa, “capacitación” de profesores, estudios sobre carreras medias para beneficiar a los empresarios que reclamaban técnicos y trabajadores capacitados, la prepa. 9, el edificio de matemáticas y las “brigadas de beneficio rural”, creyendo que enseñaban algo a los agricultores. (Periódico Universidad. Núm.17, oct. 1970).

6. La autonomía corporativo-fascista. Hacia enero de 1971, las disputas por el poder entre los burócratas de la Torre, las presiones del PC a través del Secretario General y el inicio del porrismo en Leyes, facilitan a Elizondo ejercer presión maniobrando con el presupuesto de la UNL. En 1970, el gobierno dedicaba el 9.61% de sus egresos a la UNL, para 1971 esa partida es el 6.93%.

Tras el derrumbe del primer rectorado “autónomo”, se nombra al liberal-demócrata Ulises Leal. Sus posiciones eran: “acceso del pueblo a la educación superior”, reforma universitaria, “identificación” de los estudiantes con el pueblo, “llevar la cultura al pueblo”, protección de la autonomía por el Estado.

La universidad protesta contra las presiones del gobernador. El 26 de marzo del 71, éste entrega la universidad a los empresarios y corporaciones. Le impone una “Asamblea Popular de Gobierno” de corte fascista formada por: diez charros sindicales, cuatro de la Confederación Nacional Campesina, un miembro del patronato universitario, uno del patronato pro-laboratorios y talleres de la UNL, ocho de la prensa, la radio y la televisión, uno de la industria, el comercio y el congreso local, cuatro de los profesionales “organizados”, tres alumnos y tres profesores.

La “Ley” se impuso con violencia. La “Asamblea” nombra al coronel Arnulfo Treviño como rector. La antiuniversidad triunfa con la fachada de la autonomía.

Se presiona a profesores y empleados con la nómina, se imponen directores en las escuelas, la policía toma ciudad universitaria, hay arrestos y heridos. El 29 de mayo, González Casanova de la UNAM apoya la lucha de la UNL, el 30 llega Bravo Ahuja, Secretario de Educación, como mediador, con siete ex-rectores se redacta la nueva ley orgánica, aprobada el 5 de junio. (Con Junta de Gobierno y voto paritario de Juntas Directivas).

Una de las demandas de la manifestación del 10 de junio reprimida por el gobierno en el DF era el apoyo a la UNL.

Elizondo es defenestrado y renuncia a la gubernatura lanzando una profecía: se trata de una “paz temporal que nada significa, que conducirá la institución a una abismo del que difícilmente podrán rescatarla las generaciones venideras.” En efecto, todo mundo supo que él patrocinó a los grupos antiuniversitarios que asolaron a la universidad desde entonces.

7. La violencia organizada contra la UNL. Desde entonces, los atentados contra la universidad fueron sistemáticos. Por el gobierno de Farías, por los grupos comunistas descontentos debido a su salida del aparato administrativo, y por las derechas ante el pase automático (que indujo a formar “Aulas Anexas” de medicina para los rechazados), ante la reforma al bachillerato encabezada por la prepa. 2 y generalizada en el verano del 72, la reforma a Filosofía y la integración del Colegio de Ingeniería y Ciencias.

A partir de abril del 72, la oposición cobra la forma de la violencia organizada. A plena luz del día, los grupos porriles organizados por Urencio y Perches en Mecánica y por Ugartechea en Medicina, se desplazan armados con la anuencia de los gobierno de Farías y de Echeverría.

En agosto de ese año pasan a imponer directores en las prepas 2, 3, 6 y 7 y filosofía. Con un rector y un consejo universitario “errantes”, el gobierno entrega el subsidio a una “Junta de Gobierno” fantasma, que en diciembre impone a Lorenzo de Anda como rector.

Un secreto a voces circulaba desde hacía una década: la UNL contaba con recursos inmobiliarios, tales como los terrenos rescatados en la canalización del Río Santa Catarina, en cuyo manejo tenía ingerencia el gobierno y el patronato universitario. Estos presionaban al rector Leal para su enajenación. (Equivalían a 700 millones de aquellos tiempos).

8. La estrategia fascista para apoderarse de la UNL. De las manos del profeta defenestrado, salió la estrategia para poner la autonomía al servicio de la antiuniversidad. Nada fue casual, aunque algunos grupos, disfrazados de “neutrales” y “razonables”, con la conciencia amordazada así lo hayan visto.

Sus tácticas: las que el fascismo utilizó en Italia y Alemania entre los 20 y los 40’s.

* Desarticular la administración universitaria expulsándola de su recinto y generando el desconcierto entre los empleados habituados a manipular papeles, y armar una campaña de desprestigio personal contra el rector y las principales cabezas de la transformación académica.

Nicolás Treviño de Mecánica, Agustín Basave de Filosofía (muy conocido por sus trapacerías administrativas) y Alfredo Piñeiro de medicina, elementos de la Junta de Gobierno, llamaban a los otros miembros “los bandidos emboscados en la Junta de Gobierno”.

Su meta: despertar la conciencia reaccionaria armando una campaña contra todo lo que tuviera un tono democrático; igual que se ha hecho en Monterrey contra todo movimiento obrero, estudiantil o popular, desde la represión de Bernardo Reyes en 1903 y las agresiones patronales armadas contra los trabajadores de Vidriera en 1936.

* Sembrar la ambivalencia de la comunicación al identificar los cambios universitarios con la política echeverrista, que era punto de ataque común de las izquierdas del 68, de las derechas por su populismo, del conservadurismo académico enemigo de toda reforma; y generar un ambiente de temor con provocaciones, secuestros y golpizas a funcionarios y líderes. (Las notas de prensa de esos días dan cuenta de eso).

Su meta: cortar el enlace entre la base y la dirección universitaria. De esa manera, la reforma y la autonomía eran atribuidas a minorías, se decía que se había desconocido al Consejo Universitario, que las reformas no eran aprobadas por éste, que la “comunidad universitaria” esta en contra de la administración, etc. (Las actas de dicho organismo son prueba en contrario de estas mentiras).

* Promover el desconcierto, la sospecha, la desconfianza, la “cacería de brujas”, e implantar los malos entendidos y los tabúes del discurso con una “guerra de papel”. Su efecto fue la autorepresión de la expresión y el amordazamiento temeroso e interesado de los simpatizantes. Muchos miembros del consejo universitario dejaron de asistir a las sesiones para no ser motejados de “ulisistas”.

Su meta: debilitar la conciencia colectiva y la vida universitarias. Entonces pesaba más la insidia, el insulto y la mentira que los hechos y la verdad justa. (Diversos hechos consumados por aventureros fueron atribuidos al movimiento de reforma).

El Norte, particularmente, exhibió sus más sucias expresiones en esos días. Bastaba que el pasquín los mencionara para que muchos universitarios se separaran. Operaba con la práctica patronal de levantar “listas negras”.

* Aprovechar la ceguera de las viejas izquierdas que, basadas en la consigna de fuerza de “estar a la cabeza del movimiento o fuera de él”, en connivencia con los orquestadores de la violencia contribuyeron a la dispersión parapetadas en algunas escuelas, esperando recuperar su lugar perdido en la administración y volviéndose cómplices de las derechas en filosofía, algunas prepas y medicina.

* Matar el movimiento estudiantil con la difusión de la droga, el activismo de minorías que suplantaba a las bases democráticas, la división al nombrar directores, la corrupción de muchos grupos con prebendas, cargos docentes y “chambas”, con el ataque de los simpatizantes guerrilleros que veían la reforma como una medida burguesa.

Disuelto el movimiento estudiantil, se segó la fuente de inspiración de la acción universitaria, pues los profesores mostraron una posición conservadora en su gran mayoría.

En tales condiciones, se procedía como lo hicieron los nazis: acusar a los socialistas de incendiar el Reichtag, achacar a los judíos todos los males de Alemania, reforzar la sospecha con la mentira, hacer creer a los cobardes que su actuación es “inteligente”, desarticular las fuerzas para dejar el campo libre al ejercicio de la violencia.

De esa manera, se hizo caer a la cabeza universitaria ulisista en la trampa: esperar que el gobierno pusiera fin a la violencia.

Los gobiernos de Farías y el Echeverría actuaron como cómplices de los grupos fascistas que implantaron la antiuniversidad. De ese modo, éstos se apoderaron de la UNL amparados en la autonomía. El Estado se lavó la manos y se abrieron las puertas para que el poder empresarial interviniera en la universidad abierta y veladamente.

9. Luego...la administración del fascismo. Expulsados por la violencia de la UNL alrededor de 400 profesores y trabajadores, muchos estudiantes a quienes se desaparecieron incluso sus expedientes, en el 73 Luis Todd es impuesto como rector. Se iniciaba el reinado de la “bata blanca”, como se decía.

Su primera medida: dar organización general al porrismo reforzando “el orden” y los grupos de “protección” universitaria para reprimir toda protesta o diferencia en las escuelas. Para ello, reconoció la “deuda” económica que la UNL tenía con los grupos de asalto que estuvieron posesionados de la Torre desde abril del 72. (Más de tres millones de pesos).

Después: implantar la paz de los sepulcros para santificar el atraso. Para eso, hizo lo mismo que Soberón en la UNAM: dar sueldo vitalicio al rector o director que se reelijan. De eso modo nada sucede, todo se reduce al arte de corromper estudiantes, de conciliar los intereses feudales de los grupos, de humillarse ante el gobierno, de no hacer crítica. Cualquier propuesta de mejoramiento o innovación educativa genera discrepancias y dificulta la reelección. Fue la política implantada desde el gobierno federal a través de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior).

De ese modo se autoselecciona la mediocridad. La inteligencia y la cultura son un defecto en cualquier candidato con posibilidad de éxito. De allí en adelante, la universidad se autorregula, vive fuera de México, del mundo y de la vida. En la alienación autonómica. El burócrata universitario cobra, el profesor cobra, el estudiante sueña indiferente hacia todo. El gobierno está a salvo: ya no recibe críticas de la “inteligentzia”.

El remate: la programación burocrática de los estudios acabó con el oxígeno que insuflaba la libertad de cátedra, la certificación de carreras y escuelas la ha subordinado a los “estándares de competencia” del imperio, la misma ley de profesiones se ha acomodado a esos dictados. Se trata de una universidad sin fines nacionales ni sociales, perdida en el tráfago de las funciones rituales: la docencia, la investigación y la difusión cultural. En medio de la maraña “modernizadora” implantada por la burocracia de la ANUIES y la complicidad de los rectorados, designar a una universidad como “autónoma” es más o menos una burla.

10. La fuente de lo ficticio. En nuestro libro La razón ficticia hemos expuesto lo siguiente: cuando un sujeto se encuentra en una posición insostenible “no puede salir ni estar adentro”. Por ejemplo, la posición del presidiario: es insoportable vivir adentro sin libertad, pero no puede salir. Entonces, como decía Marcel Carné: “el prisionero sueña”, acaba evadiéndose e ingresa en la alienación. Allí soporta las cosas con compensaciones ficticias que no corresponden a la verdadera realidad. Así son la autonomía y la “excelencia” académica.

Tal es la situación insostenible donde se desenvuelve la vida universitaria. Veamos.

Si el objeto de trabajo universitrario son los principios del pensamiento, la cultura, el mundo y la humanidad, que son las condiciones necesarias y universales de la existencia, no puede ser atendido directamente por una institución de autoridad ocupada en la administración, la legislación y la justicia, que son ámbitos particulares. (Y menos por autoridades comunes).

Por eso, tanto el positivismo porfirista, la “familia revolucionaria” y la dictadura partidaria en las “ciencias de clase” del socialismo de control reprimen su autodeterminación.

Si su objeto es preparar los sujetos prácticos eficientes reclamados por la “planta productiva” y la división de los negocios, la universidad queda atrapada en la estructura económica que impide su autodeterminación y la ahoga en el círculo autoritario del capital.

La autonomía parece liberarla de ambas cárceles. Pero ¿qué significa en el mundo moderno, que es tejido y contexto interrelacionado donde todo debe su existencia a las fuerzas generales que circulan en él? Pretender una vida propia absoluta es soñar en el vacío.

Claro. Autonomía no es autosuficiencia. Si autonomía significa “darse su propia ley”, entonces sólo la naturaleza y la sociedad son autónomas: la primera tiene sus leyes forzosas; la segunda, con la acción política- histórica funda los principios y las formas de organización social.

La autonomía universitaria, pues, no puede ser en si, no se sustenta en ella misma. En el mundo moderno nada existe fuera de los marcos nacionales y sus bases constitucionales y ninguna institución tiene capacidad para darse leyes propias, sólo para reglamentar su cumplimiento.

No es autonomía por sí, es creada por el congreso del estado como “organismo estatal descentralizado”. Por eso, la conciencia de vivir al margen del estado, ilusión de muchos universitarios de izquierda, es una ficción.

No es autonomía para sí. De hecho, se concentra en sus funciones de docencia, investigación y difusión de la cultura. Sus finalidades quedan en la penumbra de la conciencia. Forma profesionales cuya función es laborar con eficiencia en los negocios, las instituciones y la administración pública. Forma “investigadores” cuyo destino es incrustarse en los centros de innovación y proyecto de las grandes empresas. Y difunde obras que ella no hace, sino que fabrica la industria cultural. (Películas, pinturas, música, etc.).

En pocas palabras, cree tener fines propios y son ajenos. Por tanto, vive como el esclavo en una realidad de opresión pero se comporta con la conciencia del amo. No tiene siquiera la capacidad de ver sus cadenas. Vive en la alienación.

Esto no puede ser de otra manera. La universidad nació como brazo seglar de la iglesia católica. México la cerró en 1833. Su resurrección contemporánea sucede en la época de la segunda revolución industrial, en ésta la ciencia pasa a ser parte directa de las fuerzas productivas. Si éstas son propiedad privada, el profesional sirve a éstas.

La cultura, referida a las bases perceptivas, los usos y hábitos, a las obras artísticas, el entretenimiento y el deporte, con los medios de reproducción y comunicación masiva, pasa a ser un negocio al que la universidad sirve con su difusión.

La investigación, trabajo “desinteresado y libre” de siglos anteriores, era ya una industria. (La fundación del laboratorio de Edison y A.D. Little en 1876, el Eastman Kodak en 1893, el B.F. Goodrich en 1895, el General Electric en 1900, el Du Pont en 1902, el Bell Telephone de 1907, son ejemplos de ello). La preparación de investigadores en la universidad significa subsidiarlos. La autonomía de 1929 y la de 1969, lejos de haber desatado los hilos que ahogan al saber y la cultura, significó la formación de un nudo más complejo. La conciencia y la autoconciencia que la autonomía creía significar era en realidad una inconsciencia mayor.

A eso se agrega la asimetría entre las motivaciones de sus miembros y las funciones y fines efectivos de la institución. Cuando se declara que aquellas son “sociales” el papel de la institución no cambia. El uso del saber, dado el mercado, la competición profesional y el ejercicio privado, es individual; creyendo preparar para el beneficio social genera avidez por el lucro.

Para el pueblo, que sólo fue testigo de los “grandes cambios”, la universidad era un espejismo. Quien ingresaba a refinar su egoísmo, lograba algún saber para servir al estado o los poderosos; quien aspiraba a servir a la nación o la sociedad, no adquiría la capacidad ni el saber suficientes. Al primero le reforzaba sus privilegios, al segundo sus frustraciones.

En realidad, la historia lo demuestra, la universidad reconvierte el intelecto en conciencia privada: transmuta a los hijos de obreros y campesinos que ingresan a sus aulas. Les amputa su sentimiento de pueblo para volverlos clase media al servicio del mejor postor. Muchos miserables se dan cuenta de eso con tristeza: “luego de los sacrificios hechos por nuestros hijos” éstos nos pagan con su ausencia.

La autonomía era un lente oscuro usado para ver un espejismo. Sus verdaderos nexos la delatan.

En la realidad de las cosas, su conexión con el estado es directa. El poder económico, político, institucional y civil generales, conjugados en el poder del estado, al aportar los recursos económicos y al trazar los cauces de las funciones y la normatividad legal y social, subordina la acción de la universidad.

Sin fines nacionales, populares, civiles y políticos, la institución, atada al carro de la economía al “vincularse con la planta productiva”, se ata a la sumisión. No sólo de los negocios mexicanos sino del extranjero, puesto que dicha planta depende de los insumos exteriores. Por eso la preparación en esas áreas se limita a enseñar a operar tecnologías extranjeras, no a generar las propias; a repetir corrientes científicas y de pensamiento, no a generar la propias; a usar un saber, no aprender a generarlo.

Su evolución posterior, amparada en esa autonomía ficticia, ha sido su “tecnificación” subordinada.

Pues si bien la educación tecnológica tiene como función preparar profesionales competentes de acuerdo con los avances técnicos, la universidad tiene como centro el saber teórico y dotar de capacidad para analizar todos los problemas y las diversas soluciones efectivas posibles. Sobre esa base se deben ejercer sus profesiones. La situación particular de los problemas reales determina el modo de aplicación de cada una.

De manera que el tecnológico prepara para el trabajo más eficiente, en tanto la universidad debe preparar para eso, respondiendo a los fines nacionales, sociales y humanos.

11. El feudalismo universitario. Más allá de sus buenas intenciones, un significado histórico-político adquiere la autonomía. Es el ingreso en el neofeudalismo.

En efecto, una característica de esta formación histórica, además del sometimiento de los siervos por los señores, era el régimen de privilegios que regía a los estamentos y corporaciones.

No existiendo en ella un derecho y un interés generales, los monarcas eran meros coordinadores de los intereses particulares de la nobleza, la clerecía, la milicia y el comercio. Igual que las corporaciones, como la misma universidad pontificia y las compañías de conquista, los estamentos tenían regulaciones, dirección y justicia propios, “autónomos” respecto a los demás.

Igual sucedió con el nacimiento de los municipios, que la burguesía y los gremios reclamaban exclusivos para el tráfico y el trabajo.

Por supuesto, la autonomía no es el simple regreso. Expresa la incapacidad del estado moderno para promover y propiciar el trabajo intelectual, cultural, artístico y técnico en torno a fines universales con orientación nacional e histórica clara. Lo cual explica el feudalismo anidado en grupos, colegios y escuelas universitarias; que muchas veces se vuelven intocables en su exclusivismo.

La figura del rector, en tal situación, pierde todo significado, es arcaica. No puede regir la vida académica por el atrincheramiento de los intereses, pero también por la profundidad y la extensión del saber y los problemas. Se reduce, en el mejor de los casos, a ser un administrador de los recursos humanos, físicos y financieros de la institución y a concertar los intereses feudatarios.

El “interés común", que era esgrimido por la universidad tutelada por el estado, es ahora el “interés de todos”, o sea, la suma de los intereses feudales de cada grupo.

12. Crisis del Estado y autonomía. En el reverso de la página, la autonomía es regreso formal. En su significado real, expresa la crisis del estado moderno, que al proteger y propiciar los intereses del capital, abre un vacío entre él y la población. Es la conocida descomposición de las instituciones, que según los sociólogos aparece por la falta de intermediarios entre la sociedad y el poder.

Ese vacío pone en evidencia que tal ejercicio de poder ha agotado sus posibilidades históricas y debe abrir el paso a un estado sustentado plenamente en la soberanía social.

Y ha dado lugar a las “estructuras en paralelo”: poder central-poder “autónomo”- descentralizado, etc.; ministerio de trabajo, agrario, de salud, y sus respectivas “procuradurías”. Con la duplicidad institucional busca asegurar el cumplimiento del derecho respectivo.

La construcción de esa muralla paralela, que parece obedecer a la “astucia” del poder central es, en realidad, un síntoma de su agotamiento. Significa convertir las vías de la representación “autónoma” en correas de transmisión de una sociedad donde reinan las funciones y el control. La función política verdadera de la autonomía es, precisamente, asegurar el control.

El orden y la paz, no el progreso, llegaron a los recintos universitarios. Y, si por accidente se trastocan, la violencia institucional o la del estado intervienen para restablecerlo. La historia de las represiones contra los jóvenes es la historia de esas intervenciones.

13. La república del pensamiento y la cultura. Hemos de recordar. Entre las refriegas por la autonomía y las propuestas de reforma y una nueva institución con proyección hacia la historia futura, latía una nueva concepción de la universidad. Hoy ésta nos queda clara en lo que denominamos la república del saber o del pensamiento y la cultura.

Al respecto, entre las rutinas legaloides de la administración pública, se fue esfumando una figura moderna de la vida nacional: la república.

Lo público es la realidad, la norma y el poder que potencian la vida de la totalidad nacional. Sin ser propiedad ni recurso de nadie, es condición universal necesaria para hacer plena la vida de los miembros de la nación. (En el orden civil, por ejemplo, es la justicia, la garantía de convivencia libre y racional, la educación, la salud universal, la seguridad y la protección a la vida; en el político es el orden democrático, las instituciones para cumplir con el derecho, la participación colectiva y nacional; en lo personal, garantizar y aportar los medios para el ejercicio general de los derechos humanos).

Pero así como el estado se apropió del interés nacional (del artículo 27 constitucional en relación al petróleo), así lo hizo sobre lo público. Convirtió a éste en función económica del capital: la salud, la educación, la seguridad, para reforzar el poder de los negocios.

Dejar de considerar al centro público nacional como base y contenido de la universidad y derivar la institución hacia su autonomía ficticia es una coartada para que el poder económico y burocrático se apropien de ella a trasmano. La llamada “sociedad del conocimiento” significa esa sumisión.

Al contrario, cuando el conocimiento, la educación y la cultura se sustentan en tal principio público, entonces quedan claros sus contenidos: no son los saberes particulares de los colegios profesionales, tampoco los saberes técnicos subordinados a la propiedad de los grandes medios productivos, no es la cultura de la minoría instruida.

El orden, el interés y el servicio público, en sentido estricto, no pertenecen a nadie. Son bases y fuerzas que deben fomentar, garantizar y asegurar el cumplimiento cabal de los fines de las instituciones, sectores y seres sociales.

Ese saber público se sustenta en dos planos.

Primero, los fundamentos del mundo existente: la aptitud universal para pensar libremente, la realidad del mundo que incluye la conexión racional con la naturaleza y la humanidad autodeterminada con justicia como fin.

Segundo, en los grandes principios estampados en el artículo 3º. de nuestra Constitución, que las instituciones, autónomas y no autónomas, no han hecho suyos. Son éstos: la separación de todo credo religioso, el humanismo, el nacionalismo, la racionalidad y la democracia. Sus fines son su correspondiente faro: la soberanía social, la soberanía del pueblo y la nacional.

La universidad que elude su compromiso con la nación mexicana y los mexicanos necesariamente vive en la ficción y gira sobre un saber, una organización y un interés privado donde fermenta el sinsentido y la tentación a tergiversar la verdad. Y toda esa podredumbre se transmite a las nuevas generaciones de estudiantes.

En estos planos radica el orden de la universidad organizada como república del pensamiento y la cultura, no en la división del trabajo profesional que obedece a los negocios, la industria, la agricultura o los servicios que son peones del capital. Su cima es la formación de una existencia, un comportamiento, una praxis y un sentimiento espiritual.

Que no nos espanten los términos. El positivismo y el practicismo han navegado siempre en favor de la cosificación y el pragmatismo, relegando la vida de los valores universales de la dignidad, la belleza, la verdad, la justicia y la libertad. Estos no son medios o instrumentos para ejercer una carrera, aplicar una técnica o para ganar dinero: son fines en sí mismos y eso significa que son bienes espirituales. Su significado es público: contribuyen a engrandecer la vida.

Sobre su base, la ciencia, la técnica, el arte, la cultura y todos los estudios superiores, adquieren la orientación y la fuerza que la nación y la sociedad mexicanas necesitan para constituir su merecido futuro.

Por supuesto, una república no se organiza en torno a un monarca, a los intereses feudales o los negocios. Tiene el orden propio trazado por esos fundamentos, respecto a los cuales la ciencia, la técnica y el arte son funciones que deben ejercerse para engrandecerlos. La información, las nuevas formas de pensar, de saber y de sentir, han reubicado la enseñanza, la difusión y la investigación en meras rutinas. Se exige proyectarlas al porvenir.

¿Es esto utopía? Sin audacia, claro, nada ni nadie se hubiera atrevido a decir “no” a lo existente.

14. El poder constitutivo de la república del saber. Visto el lado del limitado “poder propio” de la autonomía, se pone a la vista su forma, su nomos, su “ley”. Su secreto se descubre fácilmente: el gr. nomos viene de nemo; del indoeuropeo nem, que es arreglar, distribuir.

Su significado profundo es distinto a constituir, que es fundar, establecer la base necesaria de algo. De allí la diferencia entre un principio constitucional y una ley: aquél contiene la base de una nación y un pueblo, la legislación regula o distribuye el principio a los ámbitos particulares (económico, civil, penal, etc.).

La autonomía, por tanto, es meramente el poder de distribuir educación, no de constituirla; de repartir entre los vasallos los recursos públicos que se entregan, no de producirlos; de transmitir saber, no de generarlo. Tal es el papel de sus “autoridades”. No tienen siquiera el título de “representantes”, son designados o nombrados por una junta de notables.

No hay palabras inocentes. El destino de la “autonomía universitaria” es trazado desde sus mismos términos.

Su trayectoria penetra la organización de los estudios. Una anécdota dice todo: un amigo, al terminar los estudios, preguntó a otro “¿qué vas a hacer?” La respuesta justa: “ponerme a estudiar”.

En efecto, quien ha cursado una carrera sabe que al terminar llega la hora de ponerse a estudiar en serio; durante los estudios todo es la carrera contra el tiempo, la calificación y la obligación escolar. Nada se constituye allí. Las aptitudes, facultades y capacidades pierden en muchos casos su fuerza y orientación con los filtros que se aplican para evitar la libertad de pensamiento, con el diseño de los puestos de trabajo y las funciones profesionales que los empresarios turnan a los vasallos para que las implanten en los planes de estudios.

15. El ciudadano de la república del saber. Obviamente, a una republica le corresponde una base ciudadana, que es el verdadero soporte de todo poder público.

La enseñanza que se entrega al siervo, al alumno, en la ficción del “proceso de enseñanza-aprendizaje”, es la señal de la cadena que la educación impone al cerebro y al corazón.

La verdadera educación no se consuma por el plan de estudios, radica en el “curriculum oculto”, es decir, en las actitudes, hábitos, ideología, reacciones y modos de adaptación que las instituciones transmiten. El saber que el estudiante recibe es tan exiguo que no vale siquiera el tiempo perdido para adquirirlo. Los libros, la realidad y el Internet enseñan más que los profesores.

Por eso se debe develar el misterio del legislativo que ha “distribuido” derechos a todos los segmentos sociales, incluidos los animales. Excepto a los estudiantes. Tal es el odio y el miedo que los sistemas tienen a las nuevas generaciones.

Y por eso, el tiempo de enseñanza debe dejar su lugar al aprendizaje. Si la libertad de cátedra ha muerto, que la entierren sus muertos.

La autogestión académica es ahora lo importante. Sustentada en la entrega de las teorías, los conceptos, los métodos, las técnicas de investigación; en la fuerza del espíritu depositada en las bases culturales, los valores, los grandes fines de la nación y la sociedad mexicanas. El maestro debe ser un colaborador.

Con la humanidad, la justicia y la dignidad como principios, la autogestión deberá ser la bujía para resolver los problemas nacionales, sociales, naturales y humanos, basándose en una división del trabajo igualitaria que se ocupe de los grandes problemas, no del dictado y la rutina escolar.

Sólo así la universidad podrá transitar hacia el futuro. Y el estudiante, que es su actor principal, podrá ser ciudadano que, por derecho y responsabilidad propios, entregará a México su esfuerzo.

Severo Iglesias. Mayo, 2009.

P.S. Todo lo anterior quedó documentado debidamente en nuestro libro La UNL. Democracia contra elitismo. Publicado por Ed. Goliardos, 1973.


jueves 18 de junio de 2009

Fallido

Fallido
Lorenzo Meyer

Lo que ha fallado no es sólo el Estado, sino el régimen y el proyecto mismo que da sentido a la comunidad nacional

Indicadores

Es obvio que han estado fallando de manera sistemática muchas cosas en México. De seguir por donde vamos, el resultado es tan predecible como inaceptable: una nueva pérdida de la oportunidad histórica, al estilo de lo ocurrido entre los 1810 y los 1870. Indicadores del mal camino que llevamos sobran.

La guerra contra el crimen organizado es hoy el centro de la agenda del gobierno pero cada vez más el conflicto se parece en su desarrollo al que hace 80 años tuvieron el gobierno y los cristeros: ninguno de los bandos pudo imponerse de manera contundente y al final todo quedó como al inicio sólo que con un montón de horrores y vidas segadas.

A partir de 1994, el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte aumentó notablemente las exportaciones mexicanas pero no hizo crecer mucho la economía en su conjunto y finalmente no pudo evitar la desindustrialización del país: hoy México es, en términos relativos, un país menos industrializado de lo que era hace 20 años. Y lo que es peor, en el último cuarto de siglo el crecimiento real del PIB es de los más bajos en América Latina y este año puede caer entre 6 y 8 por ciento.

Desde fines de los 1970
el país dejó de reservar para sí su petróleo
y volvió a ser proveedor para el exterior de un
recurso natural estratégico y no renovable.

Pero esa exportación sólo se ha traducido en gasto burocrático, en paliativos de los efectos de la pobreza y, sobre todo, en sustituto de una reforma fiscal auténtica. La renta petrolera no ha dejado inversiones significativas para el bienestar futuro del grueso de los mexicanos. La privatización y subrogación de los servicios del Estado han desembocado en monopolización o disminución de la calidad de esos servicios a la vez que la supuesta lógica del mercado -objetivo teórico del proceso- se ha visto distorsionada por los efectos de la corrupción.


La democracia electoral tiene apenas nueve años de funcionar, consume recursos fiscales excesivos y ya está sumida en una crisis de credibilidad. Existe un sistema de partidos pero sus componentes, hinchados de dinero público, naufragan en un mar de ilegitimidad proveniente de su ineficacia, alto costo y falta de representatividad. La importancia que ha adquirido en las últimas semanas una campaña a favor del voto en blanco, nulo o por candidatos sin registro es la medida de la desilusión ciudadana, en particular de los jóvenes, con los partidos y la clase política. Y la lista de indicadores del mal rumbo que lleva el país se puede alargar.

Nivel

¿En qué plano se encuentra la acumulación de elementos que componen lo fallido del México actual? ¿En el de la clase política, del gobierno, del régimen, del Estado o de plano del proyecto nacional mismo? En realidad, todo apunta a una bancarrota sistémica que, por tanto, abarca todos los niveles mencionados.


El proyecto nacional, es decir el conjunto de grandes ideas motrices que le dan sentido histórico a la comunidad nacional, a la acción cotidiana de ciudadanos, líderes e instituciones, simplemente no existe. Nadie lo ha reformulado de manera efectiva después del rápido fracaso del neoliberalismo salinista que, a su vez, no fue otra cosa que diluir y subordinar el proyecto mexicano al norteamericano.

El dejar que, en una sociedad terriblemente desigual,
las supuestas fuerzas impersonales del mercado global decidan
quién, dónde, cuándo y cómo se distribuyan,
se inviertan o se consuman los recursos económicos
ha sido el equivalente a abandonar,
en beneficio de unos cuantos,
la aspiración histórica colectiva de un desarrollo justo y con autonomía.

Sin un proyecto propio y efectivo de largo plazo, el régimen político ha quedado un tanto a la deriva. Por régimen se entiende aquí el conjunto de valores e instituciones que regulan la lucha y el ejercicio del poder. Se supone que vivimos en un régimen presidencial y democrático. Sin embargo, un poder caciquil sindical como el de Elba Esther Gordillo y su Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se hace cargo lo mismo de la Secretaría de Educación y de su política educativa, que del ISSSTE o de la Lotería Nacional. Justamente por transferencias de poder como ésta queda claro que son poderes fácticos y no la Presidencia quienes definen al régimen.

Igualmente, al declarar Felipe Calderón en 2006 que "haiga sido como haiga sido" él ganó la contienda presidencial, se hace patente que no son ya los valores democráticos los que hacen latir el corazón del régimen. Y qué decir de las instituciones y la democracia si en una elección tan cerrada como la de 2006 el IFE se negó a recontar los votos a pesar de que las inconsistencias en las boletas electorales arrojaron un número mayor que la diferencia oficial de votos recibidos por Calderón y su rival, Andrés Manuel López Obrador. Desde luego que también entra en esta descomposición institucional el Tribunal Electoral, que por un lado reconoció la falta grave en materia de imparcialidad del presidente Vicente Fox en 2006, pero acto seguido se declaró incapaz de encontrar remedio a una falla que reconoció mayúscula.

La situación está igualmente malograda por lo que se refiere al Estado mismo, es decir, al conjunto de instituciones que dentro de un territorio delimitado organizan la dominación, en nombre del interés general, y con el respaldo que les da su control sobre los medios de la violencia. Por un lado, el Ejército -el centro del monopolio estatal de la supuesta "violencia legítima"- se encuentra una y otra vez en lucha abierta con policías locales como resultado del enorme poder de corrupción que ejerce el crimen organizado. Un resultado de ésa y otras contradicciones que impiden al Estado enfrentar con eficacia a los productores de la "renta criminal" es que un líder político del municipio más rico del país y miembro de la elite del poder de Nuevo León -Mauricio Fernández Garza, candidato panista a la alcaldía de San Pedro Garza García- admitió hace poco ante un grupo de sus pares que la clave para mantener la tranquilidad en zonas como la que él pretende gobernar no está en la acción de las instituciones del Estado, sino en llegar a un acuerdo con los grupos criminales que, de tiempo atrás, ya viven en medio de las clases poderosas y también demandan zonas de tranquilidad para sus familias: los narcotraficantes (El Universal con datos de Reporte Índigo, 12 de junio).


En un largo reportaje aparecido en Le Monde diplomatique, México (junio), David González y Jean-François Boyer documentan la imposibilidad del Estado de garantizar la seguridad de los periodistas de Tamaulipas, los cuales simplemente no pueden publicar nada que disguste a los dirigentes del cártel del Golfo, al punto que la prensa local ha eliminado de su vocabulario términos como "cártel del Golfo", "Zetas" o "crimen organizado" para no irritar a los aludidos. La ley que impera en ese estado ya no es la del Estado Mexicano ni la del "Estado Libre y Soberano de Tamaulipas", sino aquella impuesta por los narcotraficantes que, entre el 2000 y el 2009 han asesinado entre nueve y 11 comunicadores, dependiendo de la fuente consultada. Como sea, actualmente el crimen organizado es tan organizado en Tamaulipas que ya cuenta con un representante dentro de casi todos los periódicos locales y ese personaje es consultado por el editor al momento de decidir si una noticia se debe o no publicar. En temas de narcotráfico, la censura sobre la prensa tamaulipeca es hoy tan o más efectiva que esa que ejercía Gobernación o los gobernadores en materia política en la época del supuesto "antiguo régimen", el autoritario priista. Como bien lo señalara en Nuevo León Mauricio Fernández, si se quiere vivir en paz en Tamaulipas, el ciudadano no debe obedecer tanto a la autoridad formal sino a esa que cada vez gana más espacios: a "La Compañía", que es como los narcos exigen que se les llame en ese estado.

Desánimo

La mediocridad material y espiritual que hoy caracteriza a nuestro país es lo que le da el tono de marcado desánimo a la época.

La cortedad de miras y corrupción de la clase política, la mediocridad de la elite del poder nos hicieron perder la oportunidad de renovación que se abrió con el cambio político del 2000, y eso condujo al desánimo de hoy. Ningún dedo de Dios escribió nuestro destino. Estamos obligados a demostrarnos que no nos merecemos el sistema de autoridad que tenemos, a repensar de manera radical nuestro modelo de desarrollo y hacer de nuestro siguiente encuentro fundamental con las urnas, que ya no puede ser el de ahora sino el del 2012, la nueva gran oportunidad de cambiar de dirigentes y rumbo. De lo contrario el fracaso se convertirá en crónico.

Los Militares y los Ciudadanos (y el crimen organizado?)


El ultraje es incurable. Primo Levi

No sé qué es más imprudente, haber puesto a prueba el estado de derecho al ser detenido por el ejército mexicano, o denunciar el abuso por escrito.

Era casi la una de la mañana del 13 de junio y el tráfico en el Puente Córdova de Juárez a El Paso estaba parado. Se movió en diez minutos un poco para volverse a parar. Pronto se aclaró el misterio: los militares frenaban el tráfico.

Se me acercó un soldado y preguntó si llevaba medicamentos. Pregunte si era ilegal transportarlos y respondió que no, pero igual quería revisar mi carro, a lo que me negué por ser ilegal.

Entonces lanzó un rollo incongruente sobre una ley aprobada por el presidente. Le aclaré que las leyes las hace el congreso y el presidente no puede atropellar los derechos individuales a menos que haya una declaración específica y una aprobación del congreso.

Llego otro. Estos son militares anónimos, sin nombre, sin insignia, para que la gente no se entere de sus nombres o su rango. Este cantinfleaba sobre las leyes y le pedí se identificara porque me detenía y trataba de amedrentar; él insistió que fuera al regimiento 20. Le expliqué que yo no podía poner una queja contra alguien sin nombre, no iría a un cuartel porque no soy militar y que presentaría una queja ante la justicia civil, porque me estaba privando ilegalmente de la libertad, que lo que me estaba diciendo se lo dijera al juez; me dio su nombre a condición que le diera el mío; José Luis Cabrera Santos se puso al radio, ordenó colocaran dos conos anaranjados delante de mi carro y un solado con el dedo en el gatillo de un arma larga y desapareció, para que el tiempo pasara.

Yo pensaba que ganar las discusiones legales lograría mi libertad, pero sucedía lo contrario. La obediencia no da lugar a la lógica.

Finalmente llega tronando la voz:
- Soy el comandante Sánchez Castañeda. Insiste en amedrentar, llevo una hora detenido, rodeado de soldados con armas largas. Repite que puedo rehusar la búsqueda de mi propiedad y le digo que eso le he dicho a sus subordinados. Pero si me rehúso a la revisión tendrá que hacerse por otra vía. Se acercaban las manecillas a las 2 am y el visitador de la Comisión de Derechos Humanos contactado por teléfono y yo veíamos el riesgo de quedar en manos de los militares. Dice que puede echarme a perder la noche por la seguridad nacional.

Y los soldados ya estaban revisando mi vehículo y cuando lo indiqué asumieron una actitud cobarde para ocultar el hecho.

Cabrera dijo que vendría el ministerio público estando acusado de resistencia; seguramente abandonaría los casos de los múltiples ejecutados que llenan las calles de Ciudad Juárez demostrando el fracaso brutal del Operativo Conjunto Chihuahua. Laura Carlsen del Center for International Policy dice: "Este modelo de lucha contra el narcotráfico está fracasado. Hay cada vez un mayor número de civiles atrapados en el fuego cruzado entre los 45.000 soldados que patrullan las calles de México, y los carteles. Cuando te enfrentas a la violencia con violencia, lo que consigues es más violencia".

La presencia militar busca un efecto mediático. Están en lugares visibles para que se sienta su presencia y acosan a ciudadanos inocentes, mientras el crimen organizado sigue haciendo de las suyas.

El visitador me sugirió me identificara como periodista -director del semanario El Reto-. Le pedí así mismo a un amigo que atestiguara la revisión para evitar que se me sembrara alguna sustancia ilegal. Pero fue detenido; al tratar de acercarse al carro, le pidieron identificación. La impunidad debe funcionar sin testigos.

El comandante se negó a hablar con el visitador, pero finalmente se puso al teléfono. Yo buscaba que vieran que había conocimiento de mi detención. ¿Qué pueden hacer los que no tienen acceso al visitador?

El comandante espeto:
- El que nada debe nada teme. Parece que no les han explicado las garantías individuales que reclamamos los que no hemos sucumbido al temor inflingido por ellos.
Se despidió diciendo: “Al ejército no nos gusta que hablen mal de nosotros”: ¿queja o amenaza velada? En El Paso está solicitando asilo político un periodista que denunció los abusos del ejército y a su abogado lo han amenazado de muerte.

La solidaridad no se hizo esperar, los automovilistas reaccionaron tocando el claxon y mentándole la madre a los soldados. Esas señales son usualmente ignoradas por los militares que creen que nos salvan al pisotearnos.

No encontraron nada, me fui por otro puente y ahí su aparato detector no mostró ninguna señal.
Este podría ser otro incidente sobre lo impropio de poner soldados en la calle. Pero ahora ilegalmente tienen mis datos y mi seguridad está en riesgo. Y todo por creer que vivimos en un estado de derecho.

Nota completa en 15 Diario

Elecciones en México: espejo de la crisis

Elecciones en México: espejo de la crisis

De cara a las elecciones en México que renovarán la Cámara de Diputados, gobiernos estatales y alcaldías, ha surgido un movimiento de voto nulo para protestar contra la clase política, afirma un reporte de la FES.


Elecciones en México: espejo de la crisis
De cara a las elecciones en México que renovarán la Cámara de Diputados, gobiernos estatales y alcaldías, ha surgido un movimiento de voto nulo para protestar contra la clase política, afirma un reporte de la FES.


El próximo 5 de julio se elegirán los 500 diputados para conformar la Cámara de Diputados. Unos 300 serán electos a través de sistemas uninominales y 200 a través de listas plurinominales, además de las elecciones de 6 gobernadores y elecciones municipales en 13 de los 31 Estados, más el Distrito Federal (Ciudad de México), que constituyen la República Federal.

De cara a la recesión proveniente de Estados Unidos, que ha golpeado con fuerza a la economía mexicana; los crímenes cada vez más brutales por parte de narcotraficantes que se disputan el territorio, así como la irrupción de la nueva gripe de influenza (A H1N1) que se ha encarnizado con la población mexicana como con ninguna otra, el movimiento del voto nulo se ha convertido en una esperanza para muchos ciudadanos, hartos de la clase política mexicana, según un análisis realizado por Svenja Blanke, de la Fundación Friedrich Ebert (FES) en México.

La autora escribe que es la ciudadanía la protagonista de este movimiento. Jóvenes furiosos, comentaristas hartos de “siempre lo mismo”, expresan a través de blogs en Internet su frustración y rabia y su rechazo a la clase política y esperan que una gran cantidad votos anulados se convierta en un mensaje político que no pueda ser ignorado por los actuales gobernantes.


Mínima expresión democrática

La joven democracia mexicana, a los ojos de este movimiento de protesta y de la mayoría de analistas, se ha reducido a su mínima expresión, permitiendo la participación sólo de los partidos políticos y sus representantes. El representante más destacado de esta opinión en José Antonio Crespo, intelectual e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), quien habla de una abstención del voto activa, que nada tiene que ver con la abstención por apatía.

De otra opinión es quien fuera director del Instituto Federal Electoral (IFE), José Woldenberg, quien asegura que este movimiento está predestinado al fracaso, pues con ello se deja a otros votantes la elección sobre la composición de la Cámara de Diputados.

Pese a los graves problemas y desafíos que enfrenta el país, la diversidad política es uno de los grandes logros tras casi 70 años de dominio político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sin embargo, el proceso de democratización se ha desgastado. Los conflictos al interior de los partidos los han alejado de la población y sus necesidades. La reciente declaración del ex -presidente Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), quien advirtió que el sistema político necesita la “impunidad” para sobrevivir, muestra el sentimiento de impotencia que impera entre la ciudadanía.


El peligro de la dependencia hacia EEUU

La autora advierte que en tiempos de crisis el peligro de la dependencia del mercado mexicano hacia Estados Unidos es más claro que nunca. Si el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá de por sí no ha tenido un efecto positivo para la mayoría de las familias mexicanas, las consecuencias de la actual crisis se sentirán aún más, sobre todo para la clase trabajadora. De hecho ya están presentes: menos capacidad de compra, una mayor precariedad de las condiciones de trabajo y mayor desempleo.

Por si fuera poco la epidemia de influenza (A H1N1) tendrá probablemente consecuencias fatales para el sector turístico que hasta ahora ha generado un ocho por ciento de los ingresos del Estado, así como dos millones de puestos de trabajo.

Es por ello, señala Blanke, que el descontento tiene causas políticas, económicas y sociales. No hay crecimiento económico, las condiciones de vida han empeorado agravando aún más la desigualdad social y económica existente. Adicionalmente, a nivel local se mantienen las estructuras políticas autoritarias que producen una impotencia ante poderosos grupos de intereses.

El anhelo de una mayor participación política y social que estuvo asociado al cambio de poder del PRI al Partido Acción Nacional (PAN) ha dado paso a un creciente y alarmante distanciamiento entre la tradicional clase política y los ciudadanos. Una reciente encuesta reveló que un 84 por ciento de la población desconfía del poderoso vecino del norte y que demanda del Estado la recuperación del monopolio de poder. Sin embargo hay escepticismo en cuanto a la efectividad de las instituciones estatales a nivel federal, estatal y municipal. Muchos ciudadanos no confían en la capacidad del Estado para protegerlos de la inseguridad. Están convencidos incluso, de que el Estado es a menudo la fuente de violencia o lo que la provoca.


Menos adeptos a una solución militar

La esperanza de una solución militar a la lucha contra el narcotráfico impulsada por el presidente Felipe Calderón y apoyada inicialmente por la mayoría de la población, decae rápidamente. La consolidación de la joven democracia está amenazada adicionalmente por cotidianas violaciones a los derechos humanos a nivel local así como en los Estados de Oaxaca, Guerrero y Chihuahua por parte de los cárteles de la droga en combinación con la impotencia del Estado.

La autora concluye señalando que en el país existen condiciones ideales para la existencia de la criminalidad organizada. Por un lado la cercanía con Estados Unidos, país que registra la mayor demanda mundial de drogas y mercado natural de los cárteles mexicanos, y por otro, la pobreza imperante en la mayoría de los municipios, que se convierte en la base social del crimen.

Pese al potencial económico del país, todavía entre 40 y 45 por ciento de los 110 millones de habitantes viven en la pobreza, de ellos, un 18 por ciento vive en la extrema pobreza. Así las cosas, la criminalidad organizada genera empleos en un país en donde cientos de miles buscan un mejor ingreso y emigran a Estados Unidos. Muchos jóvenes, sobre todo varones, ingresan al “narco” que les promete un ingreso mensual así como una red social.

Los resultados no se prevén favorables. Una gran abstención electoral, una izquierda debilitada encabezada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y un fortalecimiento del PRI tras el descalabro del 2006, tendrá como resultado que ningún partido tendrá una mayoría en la Cámara de Diputados durante los próximos tres años. Serán postergadas necesarias reformas, entre ellas, una mayor igualdad de oportunidades, un nuevo régimen fiscal y más derechos laborales así como una mayor autonomía sindical, todo esto y más quedará pendiente, advierte el análisis.

Autora: Eva Usi
Editor: José Ospina Valencia

http://www.dw-world.de/dw/article/0,,4335914,00.html




José A. Crespo
Lo firmo y… ¿lo cumplo?


“Prometer no empobrece”, dice el adagio popular. De hecho, es una recomendación que hacía Maquiavelo al príncipe: cuando te convenga hacer una promesa, no dudes ni un momento en ello. Pero cuando cumplirla perjudique tu interés, y nada te obligue a hacerlo, basta con tirar el ofrecimiento al caño. Algunos ciudadanos inconformes con el régimen actual de partidos, pero incómodos con la abstención y la anulación del voto, han decidido buscar un compromiso con candidatos específicos como condición previa para votar por ellos. Compromisos sobre reformas que les gustaría ver realizadas. Es el “voto comprometido”. Están en su derecho. El diagnóstico sobre el sistema de partidos lo compartimos anulistas y comprometidos, así como las propuestas básicas. Pero la estrategia anulista no los convence. Y a los anulistas, el voto comprometido, tampoco. Cada quien ofrece sus razones.
Hay grupos cívicos en San Luis Potosí que han solicitado a los principales candidatos a gobernador firmar una “carta compromiso”, misma que gustosos han signado. Eso podría darles a esos candidatos un voto decisivo, al fin que, una vez en el poder, podrían aplicar el consejo de Maquiavelo: no tienen por qué cumplir, pues los ciudadanos defraudados no tendrán mecanismos con qué sancionarlos (más allá del repudio público que, al parecer, no les preocupa mucho a nuestros políticos). En dicha carta-compromiso, se lee, por ejemplo, por parte del signatario: “Actuaré todo el tiempo con honradez, probidad y austeridad, y les exigiré lo mismo a todos los miembros de mi administración”. Sí, claro. En lo mismo está Alejandro Martí, quien hace meses advirtió: “Si no pueden, renuncien”. No han podido, pero no han renunciado. Sin embargo, Martí, en todo su derecho, vuelve a creerles. Dice que vigilará cercanamente el desempeño de los candidatos que firmen sus compromisos (algo de por sí complicado). Si no cumplen, los denostará públicamente, lo que no les va a impedir saltar al Senado u otro cargo. Les bastará para ello quedar bien con sus jefes políticos, no con Martí. Por eso creo más eficaz una fuerte presión sobre los partidos a través de un voto de protesta. ¿Que no cumplen? Quizá, pero es más probable que lo hagan que con un “voto comprometido”. Al menos, habrán recibido de ya un golpe a su legitimidad, que los puede orillar a tratar de recuperarla.
Los partidos prefieren el voto comprometido, desde luego. Dice la publicidad del PAN: “Yo voy a votar por acciones, no promesas”. Pues precisamente al sufragar por algún partido en las actuales condiciones, lo que se compra son promesas, pues no contamos con nada para hacerlos cumplir después (salvo volver a votar dentro de tres años por otros candidatos, en espera que, ahora sí, cumplan lo que ofrecen). Alejandro Gertz Manero, en un promocional en el que hace una dura crítica a los partidos —y que yo suscribiría plenamente—, afirma: “Todos los días recibimos una mala noticia y una falsa promesa”. Cierto, pero la adhesión a su proclama se desvanece al saber que lo patrocina un partido. ¿Acaso ese partido sí cumplirá lo que ofrece, cuando no lo ha hecho antes? Una atractiva candidata priista a un municipio, dice: “Te quiero, y tengo la capacidad de cumplirte”. Otro candidato tricolor a delegado, ofrece en su publicidad: “Seguridad o renuncio”. ¿De verdad? Todos aseguran que ellos sí cumplirán, pero no tienen muchos elementos para hacer creíble su promesa. El PRI nos dice en su propaganda: “Elige creer”. Yo he escogido creer desde 1979. Y, en general, me he quedado con un palmo de narices. ¿Elijo creer una vez más? ¿Por otros 30 años? Ya no. Primero los hechos, después el voto.
El votante comprometido me recuerda a quien, habiendo prestado dinero a un acreedor eternamente remiso, vuelve a prestarle más dinero bajo la solemne promesa de que “ahora sí” se le pagará todo lo que le debe. Supongo que llega el momento en que, legítimamente, puede primero pedirle al acreedor que pague su deuda, antes de volverle a prestar nuevos montos. Lo que les prestamos a los partidos con nuestro voto es confianza y crédito político, una y otra vez defraudados. Y es que, hoy por hoy, no hay incentivos suficientes para que partidos y legisladores cumplan lo que ofrecen —y menos si la votación por ellos resulta nutrida—, precisamente porque no tenemos mecanismos eficaces para llamar a cuentas políticas —ni de ninguna otra clase— a gobernantes y legisladores. Es un círculo vicioso. La promoción del voto del IFE dice que hay que ir a votar (por un partido, se presupone), al fin que luego podemos exigirles resultados a nuestros representantes. ¿Exigirles? ¿Cómo? Ahí está, por ejemplo, la reelección consecutiva de legisladores, mecanismo por excelencia para exigir cuentas. La oferta de reinstaurar ese instrumento está presente desde hace mucho en las plataformas de muchos partidos. ¿Y qué ha sucedido? Que sigue congelado. Por cierto, esa es una demanda en que coincide la mayoría de grupos y personajes anulistas (si bien Dulce María Sauri votó contra ese mecanismo en 2003). Algunos partidos y candidatos nos vuelven a prometer la reelección (pero muchos no). Por lo cual dicha promesa aislada no bastaría, pues los partidos y los candidatos que no hayan firmado ese compromiso se sentirán en libertad de no cumplir algo que no prometieron. Y quienes sí lo hayan hecho, dirán a sus representantes: “Nos ganaron, compadre”. Me parece entonces que la presión debe hacerse a todos los partidos simultáneamente a través del voto de protesta, por el flanco que, en principio, podría dolerles más: la legitimidad. Mientras tanto, el voto nulo puede ejercerse, no sólo como protesta, sino también como castigo a los partidos-negocio, esos que saben muy bien mercantilizar nuestro voto y presupuesto, pero no a favor de nuestros intereses, sino los de sus pocos militantes, dueños y directivos. Y es que —ya quedó aclarado— mientras más votos nulos se emitan, más difícil será para los partidos mercenarios preservar su registro.
El IFE dice que hay que ir a votar, al fin que luego podemos exigirles resultados a nuestros representantes. ¿Exigirles? ¿Cómo?